El mago de Oz

Antonio Saca es un genio. En un escenario político como el salvadoreño donde la mediocridad reina soberana, Tony brilla de una luz inigualable. Entre figurantes que se pelean un curul como perros aguacateros que se contienden un hueso empolvado, la sonrisa del ex presidente relampaguea mientras se ofrece a salvar el barco que se hunde. El sacrificio de un empresario que acepta ponerse en discusión una vez más dentro de una arena política que ya lo vio salir como ganador. Él no necesita volver a los pleitos de partidos obsoletos y carroñeros, a tener que lidiar con jefes de fracción donde un diputado es el jefe y el segundo es la fracción, a aguantar las quejas chirriantes de Milena de Escalón o los narcotizante análisis de Norma Guevara. Sigue leyendo