Ni una banda ni la otra: ¡votamos “Yo quiero a otro El Salvador”! (Parte II)

Analizando las no-opciones de voto. Economía: ¿Por qué no se puede votar por el FMLN?

El Estado piñata

El FMLN no es simplemente un partido de izquierda, sino una formación política post-comunista. Esto significa que su cromosomas pertenecen al mundo del colectivismo, de la planificación estatal, en suma, del estatismo cual filosofía económica portante de una nación.

El discurso actual del Frente es profundamente distinto a las consignas y proyectos de país que lo llevaron a intentar apoderarse del poder en la década del los ’80. Dice haber asumido y digerido un nuevo compromiso con la democracia y con la libertad en general, por ende la económica también. Pero cinco años de gobierno dejaron entrever otro panorama.

El ideal estatista permanece, torpemente disfrazado de “programas sociales”. El Estado fue literalmente ocupado, abarrotado de militantes en cada puesto existente. Y cuando ya no había plazas o cargos disponibles, los inventaron. El aparataje público pareció tierra de conquista. Para entrar en la “casa del pueblo” (y devengar un sueldo) era suficiente tener en el curriculum una sola voz: militante, posiblemente militonto. Único requisito: inflexible voluntad de obedecer a las órdenes del partido.

El modelo económico que propone en su programa el FMLN es un simple compendio de buenas intenciones en salsa solidaria. Y justo esta vaguedad es el peligro. Visto de lejos parecería un programa de tinte socialdemócrata. Pero es solo un espejismo. Todos los socialdemócratas, que no tienen ninguna simpatía ni parentesco con el comunismo o el socialismo, fueron expulsados hace años junto con su filosofía. La cúpula y los cuadros medios del Frente, ayer como hoy, independientemente de la edad anagrafica, mantienen una visión del mundo que aprendieron y heredaron de sus maestros del socialismo real soviético o sus variantes caribeñas.

En más de una oportunidad los amos del FMLN han dicho que ven a Venezuela como un ejemplo. Luego matizan afirmaciones, mezclan las cartas, desmienten a media, reformulan, aclaran diferencias, subrayan contextos…para confundirnos mejor.

Al final, ¿cuál es la fascinación con el modelo económico chavista? Una vez más, el estatismo. El culto de la maquinaria pública como única manera de trasformar la sociedad. No es el pueblo que cambia conscientemente sino que viene arrastrado por el dirigismo de un Estado que decide para él.

Todo esto en economía se traduce en imponer al Estado como árbitro de la libertad empresarial. El que hace las reglas y el único que las aplica. La justa lucha a la evasión fiscal, por ejemplo, se trasforma en una forma de venganza hacia los odiados “oligarcas”: un torcido mecanismo burocrático finalizado a despojar la ganancia privada para mantener al Estado (es decir el partido) y para subvencionar programas sociales que jamás pretenden erradicar la pobreza sino usarla por fines electorales. Ad aeternum. Para la eternidad.

Ya lo tenemos a la vista: los revolucionarios que abrazaron un AK-47 para derrocar el capitalismo excluyente de las 14 familias, hoy viajan en las mismas camionetas de lujo, con los mismos guardaespaldas de sus “enemigos” areneros. Como ellos son hombres de negocios, con ingresos muy poco “proletarios”. Como en la URSS soviética entonces, como en Cuba, como hoy en Caracas representan los nuevos boyardos del estatismo ideológico. Estado padre que protege, Estado vaca que ordeñar, Estado que castiga o premia, Estado que regala o quita. Estado piñata.

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