Ninguno de los anteriores

Cuando era un estudiante universitario, y aún más atrás cuando era estudiante de bachillerato, recuerdo aquellos exámenes parciales que nos hacían cada período en los que te daban cuatro respuestas posibles a una pregunta, y entre ellas estaba la más crítica: “ninguno de los anteriores.”

Hoy, varios años después, veo con desagrado lo que ha pasado en mi país a través del tiempo, con Presidentes de un partido y de otro, y empiezo a auto cuestionarme si es verdaderamente necesario que en el Gobierno de esta República pequeña haya otro presidente de estos dos partidos que antes ya han gobernado, y que tanto en uno como en otro gobierno ha sido prácticamente igual.

En las pasadas elecciones presidenciales en El Salvador, el 02 de febrero de 2014, la decisión ha sido tomada por el pueblo salvadoreño con derecho a votar. No ha ganado ni uno ni otro, y se irá la elección del próximo Presidente a una segunda vuelta. Los votantes en esta elección fueron alrededor del 53% de los empadronados, aun cuando el día de hoy el Tribunal Supremo Electoral ha querido cambiar las cantidades subiéndole un 10% adicional a la cifra. Esto significa que el 47% de los salvadoreños no legitima la elección, y que el próximo presidente, de mantenerse esta tendencia, será un gobernante que será electo solamente por la cuarta parte de los salvadoreños votantes.

Pero este 47% ha sido ausentismo. Es decir, gente que no asistió a las urnas de votación, por una u otra razón, y ha dejado a otros la decisión de su destino.

No obstante lo anterior, estos resultados me han hecho reflexionar, y han saltado más preguntas que respuestas, y ante esta situación, la respuesta más viable que he encontrado es “ninguno de los anteriores”.

En este menú tan selecto que tenemos de candidatos y partidos por quienes debemos ser gobernados (y digo debemos porque no hay muchas opciones), ni metiendo a ambos en una licuadora sacamos algo medianamente aceptable. Es por esta razón que el voto de este ciudadano será para El Salvador, y por lo tanto pienso asistir a votar y anular mi voto. Ejercer mi derecho, y enviar un mensaje como hemos hecho muchos en las recién pasadas elecciones primarias, y decirle a esos partidos que nos tienen que gobernar que no somos un pueblo que se doblega, que no somos un pueblo que deja pasar nuevamente todo lo que ellos quieren, y que no permitirá que sigan vendiendo a nuestro país a pedazos. Que a falta de los métodos más simples de democracia real como el plebiscito y el referendo, no nos queda otra opción que ir y decir como diría mi amigo Jan Palach: ¡Yo quiero a otro El Salvador!. Yo voto por Nulidad.

 

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