El mago de Oz

Antonio Saca es un genio. En un escenario político como el salvadoreño donde la mediocridad reina soberana, Tony brilla de una luz inigualable. Entre figurantes que se pelean un curul como perros aguacateros que se contienden un hueso empolvado, la sonrisa del ex presidente relampaguea mientras se ofrece a salvar el barco que se hunde. El sacrificio de un empresario que acepta ponerse en discusión una vez más dentro de una arena política que ya lo vio salir como ganador. Él no necesita volver a los pleitos de partidos obsoletos y carroñeros, a tener que lidiar con jefes de fracción donde un diputado es el jefe y el segundo es la fracción, a aguantar las quejas chirriantes de Milena de Escalón o los narcotizante análisis de Norma Guevara. Quién sería tan demente de querer regresar a tal selva embrujada habitada por gnomos groseros, hadas malignas y siniestros duendes. Pero nosotros sí lo necesitamos a él para que nos rescate de un mandatario petulante y gruñón y de un partido que usó el gobierno como agencia de empleo para asegurar un salario a una masa de incompetentes que en sus currículos traían una sola voz: pariente de o afiliado al FMLN. Esos señores creían que un Ministerio funciona y se rige por las mismas lógicas económicas de una venta de chancletas de hule o de choco bananos del mercado de Talnique.

Tony tiene las ideas claras. Siempre las tuvo. Cuando finalizó su mandato, allá por 2009, fue a visitar al periodista estrella del país. Le acarició las canas incipientes como padre bondadoso y le dijo: “Mauricito, en estos años hiciste pedazos mi gobierno y mi partido. A mí me reservabas solo latigazos mediáticos. Te perdono además porque no constaste con lo retorcida y rara que es la mente del elector: hoy todo mundo critica a ARENA pero las encuestas a mí me premian. Casi que yo no hubiera gobernado por mandado de mi partido. Ahora si quieres ganar yo soy tu as en la manga porque la gente sí te quiere pero te acompaña un tropel de ex guerrilleros que hasta el momento se han distinguido solo por armar bochinches callejeros. Pero don’t mind my friend, yo me ocupo.” (*) Y fue de palabra: en un abrir y cerrar de ojos don Tony dinamitó ARENA desde el interior e impuso como candidato presidencial tricolor la figura más insulsa y sosa que había. No dos, sino tres pájaros de un solo tiro: matar electoralmente al ingeniero-policía, quedarse él en el recuerdo del elector arenero como el presidente estrella y entregar el poder a Funes. Obra maestra en dos solos movimientos. Arte y política al estado puro.

Luego Tony se sentó en su terraza, que parece el aeropuerto Toncontín a gozar del panorama y del espectáculo: Funes ofrece gato, el Frente quiere liebre. Subsidios mirados como la puntería de un bizco, salas de la Corte de Justicia que parecen desfile de moda primavera/invierno, que nunca se sabía si el magistrado que dejaba la entrevista al periódico era el propietario, el suspendido, el nuevo candidato o un loco que pasaba por ahí. Un Ministro de Justicia y un Vicepresidente que tendrían que presentarse frente a un tribunal internacional por crímenes de guerra. Se pide perdón para las hermanitas Serrano y para El Mozote pero de abrir juicios contra las autores intelectuales ni hablar. La derogación de la ley de Amnistía se trasforma en argumento que da alergia: para evitar la picazón mejor ni nombrarlo. Y el silencio del Frente se vuelve inquebrantable. La mesa de diálogo con la empresa privada se asemeja a la de un mudo que platica con un sordo mientras un ciego busca adonde sentarlos. Se infla la burocracia del estado para encontrarle un puesto de trabajo hasta a la sobrina de la tía del abuelo del tal diputado suplente.

Tony mira y sonríe estirando sus redondos cachetes. Todo según el guión. Pero el tiempo vuela y se acerca el día de saldar las deudas. La nueva campaña para las presidenciales arranca. Tony solo pide a Mauricio que no se meta en la candidaturas del FMLN, que deje los rojos escarbarse la tumba por si solos. Y puntualmente la cúpula elige la opción electoralmente más repulsiva. Un monumento viviente al marxismo leninismo en salsa bolivariana que cada día en su Twitter nombra tanto a Dios que parece una mutación entre el Che Guevara y Toby. Aterrador.

Pero el problema está del otro lado: el Doctor Norman, el sheriff de San Salvador. Tony hace una mueca siniestra acariciándose la barriga. Sabe que de su sombrero saldrá pronto algo, sin importar las alquimias que puedan armar los demás. Al final él es el mago de Oz y El Salvador volverá a ser tierra de encanto y magia.

F. Jan Palach

(*) Aclaración necesaria: la conversación es “ficticia”…

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