Palabra de ARENA, Palabra de Funes y de la FAES, Amén

Autor: Aurelio Barán


Hace unos años fue publicado en Italia un libro que desató una polémica furiosa en el mundo político. “La sangre de los vencidos” del periodista Gianpaolo Pansa es un texto que recoge testimonios y documentos que prueban que entre 1945 y 1946, cuando la Segunda Guerra Mundial ya estaba finalizada, los partisanos del partido comunista italiano cumplieron masacres indiscriminadas de fascistas y de civiles. Las matanzas se llevaron a cabo gracias a la indiferencia de las tropas aliadas (EEUU, Australia, Canadá, Reino Unido) que en ese entonces consideraban legitimo que fuesen castigados extrajudicialmente fascistas y simpatizantes.

Luego, formada la República Italiana “democrática”, el Partido Comunista logró un mar de votos y rápidamente convenció a los demás institutos políticos y a la opinión pública que sus partisanos merecían todos los honores por haber liberado la patria de la tiranía y de la locura fascista y que ahora servía una ley de amnistía para amparar a los camaradas a los que se “le fue la mano”. Por 50 años la Republica nunca dejó de homenajear a todos los héroes de la liberación, incluso a los asesinos que ejecutaron a enemigos que huían ya vencidos y a todos los civiles que consideraban “colaboradores” del régimen de Mussolini.

Por 50 años esta fue la historia oficial, el tema obligado de la educación escolar, de la rancia retórica de las fiestas patrias, el guión de toda película, el discurso impuesto a todo ciudadano. Si la gente dudaba o se permitía disentir venía marcado como un infame “¡Fascista!”.

El libro de Pansa ha sido muy importante porque puso a viejos militantes y políticos de izquierda, además a su séquito de intelectuales obsequiantes, frente a sus propias mentiras. Demostró que la ley de amnistía fue una vil artimaña no para pacificar un a pueblo dividido, sino para salvar un manipulo de criminales.

Un triste juicio no puede dejar a un lado el papel que eufemísticamente llamaré “pragmático”, jugado por Estados Unidos: la potencia madre de todas las democracias y dispensadoras de los más altos valores humanos y civiles, en nombre de sus preponderantes intereses geopolíticos y por no hostigar el poder del partido comunista italiano (el segundo más fuerte de Europa occidental) dejó correr y hasta patrocinó, en nombre del antifascismo, 50 años de mentirosa propaganda.

Yo leí el libro en cuestión y mientras devoraba las intensas paginas de ese largo relato, me daba cuenta cómo aquellos acontecimientos se parecen a la historia de El Salvador.
Claro, se parecen pero hay que invertir los papeles y sustituir a los partisanos comunistas italianos por el partido ARENA (o al menos su ala más radical) de la mano de Las Fuerzas Armadas.

Acá en tierra cuscatleca, terminada la guerra civil, la derecha y los militares, animados por profundo un amor patrio y alto sentido moral, decidieron que vendría bien un atajo en el camino hacia una paz duradera: la ley de amnistía. De un cierto punto de vista el artificio tiene su lógica, la misma que usan las alcaldías hoy para el problema de la basura: como hay demasiada inmundicia tirada y no quieren responsabilizarse del asunto, la ocultan botándola en barrancos y ríos. A las administraciones les importa poco el medioambiente, a políticos y militares, el derecho internacional. Ellos duermen el “sueño de los justos”.

Luego de haber escondido la inmundicia bajo la alfombra y regalado miles de civiles masacrados al olvido del Estado, han empezado, gracias a un total control de los medios de comunicación y del aparato gubernamental, a difundir la “historia oficial”, la que sabemos de memoria: que las Fuerzas Armadas nos salvaron del comunismo, que su heroico esfuerzo derrumbó a los ángeles del demonio, que nos dieron la democracia… ésta pues es una de las paradojas más chistosa, que la democracia nos la haya traído la institución que la había secuestrado desde la época de Martínez.

Luego vino la temporada de los reclamos: ¿Y que de las masacres de los civiles? ¿Y que de El Mozote, la UCA, San José Las Flores, San Pablo Tacachico, etc.?

Empezaron las reacciones: la clásica era acusar de comunista a cualquiera que pidiera razones de ejecuciones masivas de gente desarmada, mujeres, niños y ancianos. Pero había espacio también para explicaciones curiosas: no existieron masacres, y si las hubo las hicieron los del FMLN para culpar al ejército. Unos pocos, los más honestos, aseveraron que “en una guerra civil pasan cosa que es difícil controlar”. ¡Qué alivio! Ahora por lo menos los parientes saben, de la boca de quien acusan, que sus muertos existen también en el mapa de aquellas instituciones que luego de haberles quitado la vida quisieron, con el silencio, quitarles el derecho a la muerte.

Pero pronto el debate nacional, al que derecha y FAES se han siempre sustraído, menguó en pueriles acusaciones cruzadas con el FMLN que se echaban en la cara uno con el otro las respectivas “porquerías de guerra”, cada uno negando las propias y denunciando las del otro. Volumen de honestidad intelectual: cero al cubo. Nivel de honor militar o humano: el de los gusanos.

Para mientras, la opinión pública, que lastimosamente vive de los insumos del los medios de comunicación, sigue embriagada de los discursos de ARENA y de los Ministros de la Defensa de turno. Y cuando se les acusa, hasta desde el exterior, rumian molestos y se quejan de ser blanco de una seudo conspiración del comunismo internacional disfrazado de oveja.
Y torpes como pocos, cuando un tribunal internacional les ordena pedir perdón para la simpática costumbre de la FAES de secuestrar a niños, el canciller de turno con una performance digna del Chapulín Colorado, en lugar de disculparse en nombre del Estado, dice que “lamenta lo acaecido”. La apoteosis del grotesco.

¡Pero ahora que gobierna el FMLN todo cambiará! Ni en sueño. El cargo de vicepresidente de Sánchez Ceren ampara a todos los criminales de guerra de su bando y del otro.

Los liberales de verdad que soñamos con un Estado de Derecho que castigue a todo violador de los derechos humanos (porque, anotación para los ignorantes, los derechos humanos son patrimonio del pensamiento liberal, no del izquierdista) quedaremos en la espera de instituciones y representantes dignos.

Mientras en la mayoría de los países del mundo se borran las leyes de amnistía y los gobiernos entregan a los tribunales nacionales o internacionales a verdugos de uniforme o del bando opuesto, nuestro presidente electo gana garantizando a la “honorable” FAES que la inmunidad de sus héroes libertadores no será tocada. Vaya progreso.
Pero nos lo han explicado bien claro y somos nosotros que somos testarudos: el éxito de la Paz salvadoreña se apoya sobre el olvido histórico y la exoneración de unos pocos de responder por sus acciones criminosas. Y para acabar esta bufonesca comedia, los defensores de este principio fundador de la democracia nacional aseguran que vivimos en un Estado de Derecho. Palabra de ARENA, palabra de Funes y de la FAES, amén.

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