Palabrejas sobre el “Nuevo Rumbo” de El Salvador

Después de mucho rato sin publicar un texto, esta noche sin más me he dado a la tarea de escribir un poco. Siendo que ya he perdido la práctica, antes que nada pido las disculpas del caso. Y esta vez, a falta del tiempo necesario, y con el afán de ir a lo específico, me veo en la obligación de, dadas las circunstancias actuales de la nación que me vió nacer, analizar un poco el arribo de la izquierda al Poder Ejecutivo de El Salvador, representada esta vez por el galardonado, que no por medios o por instituciones, sino por la población en general, periodista Mauricio Funes, actual Presidente Electo.

Hay muchas cosas en el periodista Funes que han, en décadas, cautivado a los salvadoreños. Y no es en este artículo donde hay que mencionarlas porque es fácil buscar tales en el inmenso mundo que la Internet representa. Pero son esas las que hoy por hoy han hecho que él gane las elecciones presidenciales.

El Salvador ha sido por años un país dividido en todos los temas. Desde el deporte hasta la política. Al punto que antes de la jornada electoral reciente solo existían dos partidos reales: Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), derecha e izquierda extrema ambos. Los demás, como dirían, son lo de menos.

Para llegar al poder solo se podía hacer a través de uno de estos dos institutos políticos. En este sentido, Mauricio Funes solo podía participar del pastel a través del que representa la izquierda, el FMLN.

Al margen de ser esta la primera victoria de la izquierda salvadoreña, el país ha ganado y perdido dos cuestiones básicas: por el primer lado, ha ganado garantizar que la democracia impera, que la voluntad del pueblo todavía manda, y que lejos de tener un país donde quien tiene el dinero tiene el poder, es un país en el que si los funcionarios hacen mal su trabajo, la gente, que no el pueblo, tiene la suficiente, hoy si, madurez para decir, de manera colectiva: “tu estas haciendo mal tu trabajo, tengo el derecho de probar con otro que aunque no se si lo sepa hacer bien nada pierdo con subirlo, y si no me parece pruebo con otro o te regreso a donde estabas”.

Por el otro lado, El Salvador ha perdido la confianza y comodidad que habían generado veinte años de gobierno de derecha. La estabilidad que producía en sus empleos el hecho de tener controlando el Estado a los grupos de poder dueños de las grandes empresas, y la certidumbre de estar en terruño en el que, con las limitaciones dadas por un manejo demasiado empresarial, podía hacer y emprender lo que quisiera (o pudiera).

Durante la larga campaña electoral, que no fue solamente la marcada por la ley, sino que venia dándose desde que en algún momento este servidor dio el pitazo de haber comenzado la campaña, (véase: “La campaña pre-electoral ha comenzado”), los miedos empezaron a cundir por la descarada propaganda en la que se insinuaba que “las libertades ser perderían de llegar a gobernar la izquierda”, y que “se entregaría El Salvador a las garras del malvado Chávez”. Hoy, aclarado que tales temores dejaron, en parte, de surtir efecto, la población solamente tendría una incógnita: ¿Qué pasará de aquí en adelante dado que la izquierda representada por el FMLN ha sido de antaño radical y mantiene el pensamiento de llevar al país en el rumbo comunista, que no socialista, y el hecho de tener como Presidente de la República a la única persona que podría haber ganado en nombre de la misma sin ser de corte dogmático, sino progresista al estilo Lula?

Este servidor, amante de los pensamientos progresistas, solo espera, en nombre del pueblo salvadoreño, que las palabras de Mauricio Funes, en su discurso de proclamación, sean reales. Necesitamos unidad en el país, reconciliación. Y rememorando las palabras que José Saramago escribiera en un corto texto al respecto:

“No le pido tanto al presidente electo de El Salvador, salvo que no olvide ninguna de las palabras que pronunció la noche de su triunfo ante los miles de hombres y mujeres que habían visto nacer finalmente la esperanza. No los desilusione, señor presidente, la historia política de América del Sur transpira decepciones y frustraciones, de pueblos enteros cansados de mentiras y engaños, es hora, es urgente cambiar todo esto. Para Daniel Ortega, ya basta con uno.” (“Funes & Funes” -http://cuaderno.josesaramago.org/31390.html-)”.

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