El papel vital de las Fuerzas Armadas de El Salvador

Autor: Capitán (Ret.) e Ingeniero Raúl Armando Interiano

Se aproxima la “alternancia”,  que es un término utilizado para denotar un cambio en el mando político del país, pasando de la “derecha” (entre comillas, porque tengo serias dudas de que Arena sea un partido de auténtica derecha) a la izquierda, representada por el FMLN.  Bienvenida. Así funciona una democracia.

Dentro de la campaña política se han postulado diferentes ideas, y la que más me ha llamado la atención, es la de eliminar a la institución armada.

Habiendo sido miembro de esa institución, pude observar su evolución, de ser una entidad acostumbrada al mando casi absoluto, algo que nuestros países heredaron de  la  estructura  de  mando  de  los  conquistadores  españoles  (recordemos  que Guatemala era considerada la “Capitanía General”, no una “capital”, o “cabecera”), a
la institución subordinada al Estado y al mando civil que es hoy.

Antes de tomar semejante paso de eliminar una institución que cumple funciones vitales, es menester analizar si en verdad vale la pena tomar semejante paso.

¿Qué es un militar? 

El estudiar para militar es prepararse para entrenar y liderar tropa en combate, o en cualquier tipo de tarea que requiera la organización y disciplina militar. Así como nuestro  ejército  reaccionó  para  ayudar  al  pueblo  durante  nuestra  época  de terremotos, así recientemente reaccionó el ejército chino, a raíz del terremoto en la
provincia de Sichuan.

La preparación del oficial salvadoreño en la Escuela Militar Capitán General Gerardo Barrios es bien espartana, o si se quiere, prusiana.  Es difícil la vida del cadete, porque es la mejor forma de prepararlo para enfrentar las vicisitudes de la vida militar, y las condiciones por demás ásperas que se presentarían en acciones bélicas
en el entorno centroamericano, tal y como sucedió en esa guerra con Honduras.  Pero más importantemente, al cadete se le trata como al soldado, para que, cuando sea  oficial,  sepa  liderar  mejor,  conociendo  en  carne  propia  lo  que  viven  sus subalternos. Y en toda acción bélica dentro y fuera del país, los militares siempre
han  liderado  exitosamente  a  la  tropa,  que  siempre  ha  sido  conformada  por  los segmentos más pobres y menos educados de nuestra población ­ campesinos en su mayoría.

Pero, y ¿quiénes han conformado las filas de oficiales?  En su mayoría, personas de extracto  por  demás  humilde  también.  No  cabe  duda  que  ante  la  falta  de oportunidades brindadas por una economía diseñada para favorecer unos pocos, la institución castrense era y sigue siendo un conducto hacia una mejora económica y
social.

Si bien la preparación del militar primordialmente está diseñada para ser líderes en combate, a medida avanza en su carrera, al oficial lo capacitan para administrar toda una  organización  de  la  envergadura  de  una  fuerza  armada,  que  involucra conocimientos  económicos,  logísticos,  gerenciales,  de  recursos  humanos,  etc.
Cuando  el  oficial  llega  a  jefe,  su  capacitación  es  similar  al  de  un  master  en administración de empresas, enfocada sobre la organización castrense. Pero este “master” es fácilmente transferible a otros campos.

Es así como hubo gobiernos encabezados por militares, como el del General Fidel Sánchez Hernández, que hicieron obra. FSH trabajó para crear el Mercado Común Centroamericano, por ejemplo.

Pero, ¿y el soldado?  Para empezar, a un recluta que no podía leer y escribir, se le enseñaba en los cuarteles. Hasta hace poco, a un soldado que demostraba capacidad de liderazgo, se le ofrecía un camino a suboficial, como sargento, y si lo deseaba, tomaba cursos para ser oficial.  Hoy día, se ha ampliado la carrera de suboficial
(sargentos) para la tropa, que ya no pasan a ser oficiales. Pero obviamente, la Fuerza Armada  sigue  siendo  un  conducto  para  escalar  económica  y  socialmente, especialmente para nuestras clases campesinas. Un soldado, cumplido su servicio militar obligatorio,  egresa a la vida civil mejor preparado para prestar servicios
productivos a la sociedad.
La PreGuerra 

La  FAES,  particularmente  desde  la  época  del  General  Maximiliano  Hernández Martínez, había jugado un papel demasiado político en el país.  Este papel político se exacerbó durante la Guerra Fría, porque la potencia occidental, Estados Unidos, consideraba que la mano dura que ofrecían los militares, era la mejor forma de
mantener  a  raya  a  los  “comunistas”.  Es  así  como  la  gran  mayoría  de  países latinoamericanos fueron regidos por gobiernos militares, hasta hace relativamente poco, como lo indica Wikipedia:

  • Argentina (1930-1932, 1943-1946, 1955-58, 1966-1973, 1976-1983)
  • Bolivia (1964-1982)
  • Brasil (1930-­1934, 1937-­1945, 1964-1985)
  • Chile (1924, 1927-1931, 1973-1990)
  • Colombia (1953-1957)
  • Cuba (1933-1940, 1952-1959)
  • República Dominicana (1844-1916, 1930-1978)
  • Ecuador (19631966, 19721979)
  • El Salvador (1931-1982)
  • Guatemala (1921-1986)
  • Haití (19571990, 1991-1994)
  • Honduras (1963-1971, 1972-1982)
  • Nicaragua (1936-1979)
  • Panamá (1968-1989)
  • Paraguay (1940-1948, 1949-1989)
  • Perú (1821-1845, 1866-1872, 1928-1933, 1948-1956, 1968-1980)
  • Surinam (1980-1988)
  • Uruguay (1973-1985)
  • Venezuela (1908-1935, 1952-1958)

Entonces, en nuestros países, eran militares quienes ostentaban el poder político, con  el  beneplácito  y  las  bendiciones  de  las  clases  pudientes  (los  grandes terratenientes).

Un evento geopolítico de gran magnitud reforzó esta política estadounidense en nuestro hemisferio: la ascensión violenta al poder por parte de Fidel Castro, que de primas a primera, instaló misiles nucleares soviéticos apuntando a Estados Unidos, e inmediatamente procedió a exportar su revolución, tan lejos como en Bolivia, por medio del Ché Guevara, y hasta en Angola, adonde envió a su ejército a combatir, en lugar de mejorar las condiciones de su pueblo, que a todas luces vive en condiciones deplorables, sin oportunidades de progreso, salvo por los miembros del partido comunista o del equipo de béisbol u otro equipo que sea parte de su estructura deportiva propagandística.

A nivel centroamericano, sucedió un evento que acabó de validar el mando militar en El Salvador, y ese fue la guerra con Honduras. Recuerdo cómo en el país, todo mundo aplaudió la acción de los militares, quienes crecieron en prestigio a raíz de ello.

Pero no se puede dejar de mencionar el otro factor de peso en la época preguerra, que ineludiblemente completa el escenario: la habilidad de las clases pudientes de manipular a los gobiernos militares.  Los terratenientes pagaban a los campesinos una miseria por sembrar y cosechar el café, que era vendido internacionalmente a
ganancias fabulosas, y esta riqueza la utilizaban, entre otras cosas, para asegurarse de que el gobierno les permitiera seguir explotando al campesino, para poder seguir lucrando tan suntuosamente, puesto que el campesino no se beneficiaba de esas ganancias, no se le aumentaba su sueldo, nada.

Y claro, cualquier cosa que se opusiera a esta maquinita de hacer plata era tildada de  “comunismo”.
Nuestra Guerra Fratricida 

La política estadounidense de combatir el expansionismo soviético con gobiernos militares,  necesariamente  implicaba  un  accionar  represivo  de  parte  de  estos gobiernos. No fue sino hasta que apareció Jimmy Carter que esta política de décadas comenzó a cambiar. Pero los efectos de esa política miope ya se habían arraigado en
nuestros países, y  demasiada gente había vivido en demasiada pobreza demasiado tiempo.  Esto  tenía  que  estallar,  como  estalló  en  Cuba,  Guatemala,  Nicaragua, Colombia, Perú, etc.

Cuando cayó Somoza, relativamente fácilmente, todo mundo, dentro y fuera de El Salvador, esperaba que el pulgarcito fuera el siguiente dominó que cayera.  No sucedió  porque  el  ejército  salvadoreño  era  mucho  más  capaz  que  la  guardia somocista, en donde los ascensos se basaban no en capacidad o experiencia, sino en
lealtad a Tacho Somoza.  La única similitud era que la estructura militar salvadoreña tampoco  estaba  preparada  para  una  acción  bélica  guerrillera,  puesto  que  su organización estaba diseñada para otra guerra convencional, como la de Honduras.
Si bien desde 1968, oficiales salvadoreños eran enviados a cursos relativamente cortos en la “Escuela de las Américas”, en Panamá, para aprender sobre guerra de guerrillas, la gran mayoría no gozaba de esa preparación. Por ejemplo, no fue sino hasta  en  la  década  de  los  ochenta  que  se  implementaron  los  “Batallones  de
Cazadores” de 300 hombres, entrenados por la Fuerza Armada Venezolana, además de los consabidos “Batallones de Reacción Inmediata”, entrenados por el ejército norteamericano.

Pero ensombrecía el panorama el hecho de que por espacio de casi dos años, en 1979 y en 1980, la FAES no pudo contar con el apoyo estadounidense. La esfera soviética apoyaba incondicionalmente a la guerrilla, mientras que Estados Unidos, bajo  la  presidencia  de  Jimmy  Carter,  nos  negaba  su  apoyo,  por  lo  que  él  y  su
embajador,  Robert  White,  consideraban  grandes  violaciones  a  los  derechos humanos, ignorando las atrocidades cometidas por el ERP y los comandos urbanos del  FPL,  con  los  secuestros  y  asesinatos  por  demás  conocidos,  perpetradas  por quienes hoy son conocidos dirigentes políticos, pero también ignorando la política histórica de su país en apoyo de gobiernos militares, que necesariamente era una política represiva.

En  lo  personal,  considero  que  esta  época  de  los  últimos  dos  años  de  la Administración Carter, durante la cual la Fuerza Armada salvadoreña se fajó a solas, es un testimonio a la capacidad de nuestra institución castrense.  Es bien posible que la Escuela Militar Capitán General Gerardo Barrios sea la mejor escuela militar del
mundo.

En cuanto al resto de la guerra, hasta la firma de los Acuerdos de Paz, me limito a señalar que la FAES cedió el poder político a los civiles, de una vez por todas, y se dedicó a combatir a un enemigo formidable que gozaba de un apoyo logístico y político  internacional  impresionante.  El  resultado  del  desempeño  de  la  Fuerza
Armada es que en El Salvador nació una democracia.
La PosGuerra 

Es universalmente reconocido que la Fuerza Armada de El Salvador, actuando ya exclusivamente en la esfera castrense, es una institución muy profesional y capaz, y lo  ha  demostrado  internamente,  con  sus  operaciones  de  rescate  durante  los terremotos, y en Irak, donde se ha enfrentado exitosamente a los terroristas más
sanguinarios que ha conocido la humanidad.

Es más, de los dos bandos que combatieron en la década de los 1980, es la FAES la que no ha recurrido a la violencia política en lo absoluto, a diferencia del FMLN, cuyos militantes asesinaron a dos policías, y cuyos dirigentes parecen estar  metidos en actividades bélicas narcotraficantes, con su colaboración activa con las FARC de Colombia,  y  por  los  vínculos  estrechos  de  esta  organización  con  el  mandatario venezolano, con los planes desestabilizadores y antidemocráticos de este señor para toda Latinoamérica.

El otro factor preguerra que tampoco ha cambiado, queda bien ilustrado con el siguiente ejemplo: Una señora muy pudiente y muy conocida, poco después de la firma de los tratados de paz, dijo con mucho aplomo, en una cena en la cual la escucharon muchos, que la única razón de nuestra guerra había sido que Castro la había impuesto.  Con toda su educación, con todo su dinero, y habiendo vivido y sufrido el embate de la guerra por una década, ¿esa fue la conclusión a la que llegó?
Y esa opinión era compartida por muchos, indudablemente, porque Arena nunca se movilizó para sanar las heridas económicas y sociales que causaron nuestra guerra fratricida.

Fidel Castro no creó nuestra extrema pobreza. Eso lo hicimos nosotros solitos. Si yo hubiese nacido en las condiciones en que aún vive la gente en las mismas champas que yo vi desde que yo era cipote hace casi cincuenta años, y sin oportunidad de ganarme la vida dignamente, y con la iglesia repitiéndome “no usés condón” y a mi mujer “no tomés pastillas y tené todos los hijos que te mande Dios”, trayendo más hijos al mundo, sumiéndome a mí y a mi familia en una pobreza cada vez más desesperanzada, no hubiese necesitado de un Fidel Castro ni de un Yuri Andropov para tomar las armas.

Se puede concluir entonces que existe y persiste una insensibilidad social arraigada en nuestra sociedad, tanto así, que ni con el palo contundente de una década de guerra aprendimos. Ya no le podemos echar la culpa de ello ni a los españoles ni a los  gringos:  ya  es  hora  de  madurar  como  nación,  aceptando  nuestra  propia
responsabilidad.

El dejar que una porción enorme de nuestros compatriotas siga viviendo en miseria o  se  tengan  que  ir  al  extranjero  para  alcanzar  una  vida  digna,  socava  nuestra democracia ­ nos mantiene en pugna. Esto tiene que cambiar, y es hora de enfrentar este reto con otro enfoque.
La Fuerza Armada: Vehículo para alcanzar la Paz y Prosperidad Deseadas 

Existe una ley en El Salvador que dice que el servicio militar es obligatorio. El Artículo 5 de esa ley dispone lo siguiente:
“Art. 5. El servicio militar se prestará por un período de doce meses, sin embargo por razones de carácter administrativo, en lo que respecta a una clase de llamados al servicio el Presidente de la República, podrá disponer sea ampliado hasta un máximo de dieciocho meses. En este caso dentro de los quince  días  siguientes  deberá  informar  a  la  Asamblea  Legislativa  de  las razones que justificaron la medida.”

Hagamos valer esta ley.  Hagamos que todos los graduados de la Escuela Americana, Británica, Alemana, Liceo, Externado, Cervantes, Asunción, Sagrada Familia, Don Bosco, Santa Cecilia, y naturalmente, de todos los institutos del país, hagan servicio militar ­ muchachos y muchachas.  Sin excepciones. Por doce meses de sus vidas.

Pero además de servir como soldados, para ser llamados a la acción si la patria lo requiriese,  estos  graduados  tendrían  otra  misión:  la  de  impartir  educación, utilizando sus conocimiento, a todo hombre, mujer y niño que la necesite, las 24 horas del día, los siete días a la semana, los 365 días del año. Naturalmente, el Ministerio  de  Educación  colaboraría  con  el  esfuerzo,  elaborando  el  curriculum académico. Pero sería el Ministerio de Defensa el que lo haría ejecutar, a través de sus “soldados académicos”, armados con fusil y con laptop.

La Fuerza Armada funciona 24/7/365. Ninguna otra institución en el país lo hace, y por ello es la única capaz de llevar la educación al pueblo en la medida y con la intensidad que nuestro país requiere, a los cantones, a los pueblitos, al mero monte, adonde no se tengan escuelas, ni maestros, o donde sean insuficientes.  De ser
necesario, instalan tiendas de campaña con generadores, y arman una escuelita funcional donde antes no había, para educar a los niños de día y a los padres de noche. El personal de Transmisiones podría armar una Local Area Network para que los alumnos puedan tener acceso a internet en determinada región.

Esto, en todo el país. 

Los beneficios son múltiples:

1.  Se ataca directamente la persistente y nefasta insensibilidad social de las
clases pudientes, haciendo que los privilegiados conozcan, se relacionen y
den valor humano a los menos privilegiados que componen el ejército, y el
país, en condiciones de igualdad. La FAES entonces se volvería el crisol donde
desaparecen las diferencias sociales una vez se pongan las botas.  No existe
mejor institución para este cometido.

2.  Se  ataca  directamente  la  razón  por  la  cual  las  masas  permanecen
desprivilegiadas: la falta de educación. Quiérase o no, estamos en una guerra
contra la pobreza y sus causas.  Si se quiere erradicar a este enemigo, hay que
tomar acción descomunal, inortodoxa, innovativa ­ la utilización de soldados
de educación privilegiada para impartir conocimientos a los estratos más
bajos, día y noche, es algo que sólo la Fuerza Armada puede lograr, y en la

forma tan acelerada que necesita el país ­ y no sindicatos de maestros que se
van a la huelga, que cesan sus labores a determinada hora, o que funcionan
como si fuera negocio el asunto.

3.  Aparte de un sentido de patria que hace falta, a las mentes más educadas del
país se les inyectaría una disciplina que es tan útil en la vida. Conversamente,
con soldados versados en computación, la operación y el mantenimiento de
aparatos  militares  sofisticados  (particularmente  las  armas  especializadas,
como la Fuerza Aérea, las Transmisiones, la Marina Nacional) funcionarían
mucho  mejor.  Resumidamente,  la  FAES  podría  hacer  más  con  menos,
requiriendo menos recursos del estado, que parece ser el destino de toda
fuerza armada de país pobre.

Al final de los 12 meses de servicio militar, el soldado académico se va de baja, si quiere,  quedando  libre  para  proseguir  con  sus  estudios,  que  deberían  poder acelerarse porque ya habrá hecho su “año social”. Ciertamente, el Ministerio de Educación  se  lo  validaría.  Y  habrá  conocido,  convivido  y  respetado,  ya  hasta
dependido de, y ciertamente ayudado a, sus hermanos salvadoreños.

O, podría, por ejemplo, quedarse a aprender a volar o mantener helicópteros o aviones,  con  la  Fuerza  Aérea,  para  luego  poder  seguir  una  carrera  lucrativa  en aviación  civil.  También  hay  carreras  navales  lucrativas,  hoy  que  el  transporte marítimo de bienes es de los medios más económicos a la luz del alza del petróleo.

Si este plan se implementa, se irá inyectando aceleradamente a nuestra sociedad la sensibilidad  social  que  necesita  el  país,  para  subsanar  ese  defecto  de  ver  con menosprecio a quienes menos tienen, porque si hay algo que nos ha dividido como nación, es eso.

Desde que era cipote, todo mundo decía que “la educación era la solución”.  Pero en el medio siglo de mi existencia, ningún gobierno ha hecho algo al respecto.
El próximo gobierno tiene la oportunidad grandiosa de implementarlo, y si le toca al FMLN, le harán un gran bien al pueblo que los habrá elegido. Y la FAES es el vehículoideal para ello.
CONCLUSIÓN 

Con  la  invasión  de  Georgia  por  Rusia,  se  repite  la  historia,  que  está  repleta  de violencia y guerras. Reconociendo la tendencia a la violencia que ha caracterizado ala humanidad, no podemos de pronto decir, “eliminemos la fuerza armada”, sin invitar consecuencias nefastas.

Si  se  hace  eso,  mejor  vayan  y  entreguen  las  llaves  de  nuestra  soberanía  a Tegucigalpa, porque Honduras sigue mejorando su capacidad militar.

Mejor  aprovechemos  la  Fuerza  Armada  por  demás  capaz  que  tenemos  ­  y mejoremos al país por medio de ella.

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