En El Salvador la Democracia se Cocina en Cacerolas

Autor: Fernando Romero


Lo siguiente se inspira en la protesta con silbatos y cacerolas realizada el 12 de Marzo, frente al Banco Central de Reserva y el Ministerio de Economía, perfilada contra la pasividad gubernamental ante el alto costo de la vida, que afecta sobremanera las frágiles economías familiares de la mayoría de la población salvadoreña. Al margen del objeto y relevancia de esa encomiable manifestación cívica, las líneas que siguen se centran en la importancia de la protesta pública como derecho fundamental, instrumento social y constructor de democracia.

Aunque con fines político-electorales, en estos días es mucho lo que se ha hablado de las libertades en los medios, especialmente sobre la de expresión. La protesta, como una aglomeración de múltiples libertades de expresión apuntadas en un mismo sentido, no puede considerarse fuera del ámbito de libertades fundamentales de la persona.

Recientemente en Estados Unidos, a raíz de las múltiples protestas que se organizaron en los últimos años en torno a la guerra en Irak, se han levantado fuertes críticas a la utilidad y trascendencia de las manifestaciones públicas. En ese país se ha tendido a asociar al activista con la imagen del hippie sin oficio y antisocial. Las críticas ponen énfasis en el limitado mensaje que la protesta permite transmitir, en la irracionalidad y extremismo que aducen del contenido de la mayoría de manifestaciones, y en la superficialidad del éxito que puede alcanzarse con las mismas, en contraste a otras formas de activismo político que consideran más efectivas; pero muchas veces dejan de lado la presencia permanente de signos positivos en toda protesta, como es el hecho de ser un medio de llevar a la atención pública la existencia de temas de interés para un grupo o para toda la nación, formando opinión pública alrededor de éstos. No cabe duda que las protestas públicas son una herramienta de llamado de atención, de creación de sensibilidad e identificación con un tópico de relevancia política, económica, religiosa o social. Es particularmente trascendente el empleo de la protesta a falta de otros medios inaccesibles en países como El Salvador.

Los críticos estadounidenses mencionan que otros medios pueden ser, encima de más efectivos y de tener mayor difusión, más racionalizados y estructurados, pero que en nuestra realidad nacional se vuelven imprácticos o de difícil realización. Por ejemplo, hablan de medios pagados en la prensa escrita y en la televisión, medios que si bien tienen una enorme difusión, no son accesibles por motivos financieros para cualquier persona u organización. Se sugiere además el uso de paneles de discusión y blogs en Internet, un medio de gran eficacia y relativa gratuidad; pero debe recordarse que a diferencia de lo que ocurre en los países más desarrollados, en El Salvador la penetración del Internet en la población es significativamente baja. Ante esas situaciones, no cabe duda que una de las formas más eficaces y económicas de llevar a la atención de la sociedad un tema que se considera importante es la protesta, pues claramente en las calles de las ciudades siempre habrá presencia de sujetos a los que se pretende transmitir un mensaje.

Pero la protesta, más allá de lo considerado anteriormente y al margen de toda crítica, es signo de un salutífero Estado de Derecho; una expresión de triunfo sobre los estados totalitarios y represores. Mientras sea posible y legítimo disentir de las opiniones mayoritarias o de las actuaciones gubernamentales y expresar ese disentimiento pública y organizadamente, se puede decir que estamos lejos del pasado del absolutismo y de ese futuro de las ficciones distópicas donde los individuos se conducen como colmena en ciega armonía con el gobierno, sin la posibilidad de una mínima discrepancia.

Otrosí, la demostración pública, al permitir la libre oposición de ideas y propuestas, especialmente cuando se perfilan contra las decisiones y actos oficiales del Estado, se configura como un auténtico instrumento constructor de democracia. Tras el sufragio, considerado la máxima expresión democrática, se citan otros instrumentos como el plebiscito, el referendo (sólo existentes en nuestro país como palabras en la Constitución y textos académicos), los cabildos, entre otros. Pero se olvida a veces que el activismo político, dentro del que cabe la manifestación pública, también es una forma de hacer democracia. Cuando el gobierno que he elegido democráticamente no está actuando a mi satisfacción y tengo propuestas o simplemente deseo denunciar esa deficiencia, y hay otros individuos que comparten mi posición, y decidimos agrupar nuestras ideas y llevarlas al público a través de un mensaje unificado y conciso, eficazmente formando opinión pública y presión a los funcionarios que hemos elegido, estamos colaborando con la democratización de nuestro medio, lo cual, ultimadamente, conducirá a la corrección de lo denunciado y al desarrollo de la sociedad.

El cuadro anterior, por supuesto, pinta un escenario ideal. De esta forma la demostración pública también cumple una utilidad de medidor de distintos niveles de democratización. El éxito de la protesta responderá a diversos factores, pero puede ser un buen indicador del desarrollo de la democracia en acceso a la información, en los medios de comunicación masiva y en políticas de seguridad pública, entre otros. Por ejemplo, la cobertura mediática que se dé a una manifestación que toca un problema de relevancia general (como la que inspiró estas líneas) puede determinar en gran medida la difusión del problema que se pretende hacer público y solucionar, lo cual dependerá del nivel de democratización de los medios, entendiéndose por esto el acceso popular y la apertura de las agendas editoriales de aquellos. Asimismo, cuando una protesta perfectamente legítima y ordenada sea reprimida por la fuerza pública, puede deducirse que el sistema de libertades (tan de moda actualmente) está enfermo; i. e., antidemocrático.

Aunque la cultura de protesta parece ser mínima en nuestro país, comparada con la de otros países donde se han orquestado manifestaciones masivas que han reconducido políticas nacionales, es alentador ver la labor que algunas ONG’s están realizando para organizar manifestaciones públicas como la del “cacerolazo” del 12 de Marzo. Hay una gran verdad en las palabras de aquellos que afirman que, en El Salvador, quienes están coadyuvando principalmente a la construcción de la democracia son las diversas ONG’s nacionales e internacionales.

[Nota: la protesta del 12 de Marzo aludida en este artículo recibió poca cobertura en los medios escritos. Tras realizar una búsqueda en los archivos en línea de El Diario de Hoy, concluyo que de los dos periódicos principales del país, sólo La Prensa Gráfica lo publicó en sus páginas, recogiendo la breve nota realizada por la Agencia EFE (http://www.laprensagrafica.com/lodeldia/20080312/15477.asp). El periódico El Mundo sí redactó una nota sobre el hecho (http://www.elmundo.com.sv/Mambo/index.php?option=com_content&task=view&id=8770&Itemid=27), al igual que CoLatino (http://www.diariocolatino.com/es/20080312/nacionales/53032/?tpl=69), el cual también le dedicó una foto y acápite en su portada (http://www.diariocolatino.com/es/20080312/portada/53034/?tpl=69)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s