¿Escuadrones de la Muerte? Yo no conocí

Autor: Capitán (ret.) e Ingeniero Raúl Armando Interiano


Estimado Sr. Ascencio:

No recuerdo mi comentario dirigido hacia usted, o al Sr. Barán lo siento, pero sí recuerdo el contexto de la discusión, y era levantar la ley de amnistía, con lo cual no estoy de acuerdo.

Yo fui miembro del ejército, hasta que pedí la baja y se me dio allá por 1988. Cuando yo leo de atrocidades y otras cosas comúnmente esgrimidas por la izquierda, yo no puedo decir que encuentro en mi experiencia, nada que concuerde con ello. ¿Escuadrones de la muerte? Yo no conocí. ¿Masacres? Para nada. Mi experiencia con el ejército, particularmente después de que el Presidente Ronald Reagan comenzó a enviar asesores y a entrenar al ejercito, es que fue muy profesional.

Pero podría yo haber sido San Martín de Porres vuelto a la vida, y por el sólo hecho de lucir el uniforme militar, me habrían condenado. Como muestra, dos ejemplos:

Un noche patrullando la zona de San Jacinto, una señora embarazada estaba en una acera, detenida contra un muro, en problemas porque iba a dar a luz. La subimos al jeep, y la llevamos cuan rápido pudimos a Maternidad. El médico y las enfermeras a quienes se la entregamos nos vieron con obvio desprecio, culpándonos de qué, ¿de embarazarla? ¿de causar sus dolores?

Otro ejemplo similar: regresaba yo de la Base Aérea de Ilopango, sobre el Boulevard del Ejército, y un compatriota se cayó de uno de esos busitos que van cargados de gallinas, canastas y humanos, y se “rajó la mollera”. Sangraba profusamente de la cabeza, y lo subimos al jeep, llevándolo al primer hospital que encontramos. La recepción que nos dieron fue por demás hostil. Les expliqué lo que había sucedido y me fui, sabiendo muy bien que no me creyeron.

Cuando pedí la baja, que fue por razones personales (me quería casar y ofrecer mejor vida a mi esposa), y porque había cumplido con mi compromiso luego de estudiar en West Point, me vine a Estados Unidos, como estudiante de postgrado de ingeniería en Texas A&M, pero como mi objetivo era traerme a mi esposa, conseguí trabajo en Compaq, en Houston, Texas, y estando en Houston, recibí una llamada de un periodista americano, que hizo lo que pudo por hacerme admitir todas las cosas de las que comúnmente acusaban al ejército. Sus preguntas se basaban en que yo, un graduado de West Point, había pedido la baja porque no toleraba tanta atrocidad y desmán. Le salió cara la llamada, porque yo no podía, en toda conciencia, aceptar semejantes postulaciones, y nuestro debate duró varias horas. Al fin publicó un artículo donde yo supuestamente decía “que desde que eran cadetes, ya tenían autos caros los del ejército” – lo cual es falso, primero porque no era cierto y segundo porque yo no lo dije. Como comprenderá, mi experiencia con las fuerzas de la izquierda es que rebalsan de propaganda, y mienten.

En este contexto, yo pido pruebas. A mí no me consta que lo que proclama la izquierda sea cierto. Si lo fuera, nada me costaría admitirlo y seguir con mi vida acá en USA, al fin y al cabo, mi comportamiento propio, siempre fue ético, tal y como me enseñaron en West Point. Pero nadie que yo conozca y con quien me asocié, actuó distintamente. Es más, puedo aseverar con toda confianza, que habían muchos oficiales de fila o de la Escuela Militar Gerardo Barrios, de mucha mayor capacidad que la de cualquiera de los graduados salvadoreños de West Point (me incluyo). Y la prueba de ello está en el desempeño universalmente elogiado de los Batallones Cuscatlán en Irak.

Ahora bien, como le decía a un amigo izquierdista recientemente, habían Cuerpos de Seguridad en El Salvador, como lo eran la Policía de Hacienda, la Guardia Nacional, y otros, que tenían otros propósitos, no eran parte de lo que se conceptúa, y de lo que yo estudié, ser un ejército. Acá en USA, los organismos de seguridad no están centralizados ni tienen relación con el ejército. Si bien en El Salvador yo interactuaba con ellos, era en forma indirecta – ellos prestaban seguridad a repetidoras de Antel, que era donde también teníamos repetidoras nosotros (el Picacho en San Salvador, que fue atacado por la guerrilla en mas de alguna ocasión). Pero en West Point, no estudié para ser Guardia y nunca me desempeñé como tal.

Pero dentro de mi experiencia, al no ser miembro de ellos, sólo puedo relatarle lo que yo conocí. En mi cuartel de El Zapote, sede del Arma de Transmisiones, había un mayor ex-guardia, que ya era de edad, a punto de jubilarse, y ese señor no podía ser más decente, humano, lleno de sabiduría – me recuerdo bien de el porque tenia un humor tipo Salarrué. De cuna por demás humilde, se crió y creció y ascendió dentro de las filas de la Guardia Nacional – a juzgar por ese Sr. Mayor, me resultan descabelladas las acusaciones a la generalidad de Guardias.

Pero hasta aquí, todo lo que le he narrado es una apreciación subjetiva.

Pasemos ahora a realidades objetivas, innegables, como ésta: todos los de la Guardia o los del ejército que cometieron crímenes, han sido enjuiciados y condenados. Los que mataron a las monjas, a los curas de la UCA – enjuiciados y condenados.

Los Maryknoll enjuiciaron al General Eugenio Vides Casanova (ex-comandante de la Guardia Nacional, y Ministro de Defensa durante Duarte) en un tribunal estadounidense, y fracasaron por falta de pruebas, pero lo enjuiciaron.

En contraste, ninguno de los asesinos y masacradores de la izquierda ha sido enjuiciado. Roque Dalton fue asesinado por Villalobos, según Jorge Dalton, en su artículo “La Noche de los Asesinos”. Salvador Cayetano Carpio mandó asesinar a Mélida Anaya Montes, y posteriormente él mismo fue asesinado por la guerrilla en Nicaragua. Los doctores Pecorini, Rodríguez Porth, el Canciller Borgonovo, los Marines de la Zona Rosa, el Coronel Choto, quien fue quemado junto con su familia en su casa de habitación, y tantos otros que podría seguir mencionando, y las demás masacres perpetradas por la guerrilla, como descritas por el Sr. Galeas (ex guerrillero) – todos esos autores de crímenes admitidos siguen libres e impunes. ¿Por qué?

Si en verdad quisieran justicia las fuerzas de la izquierda ¿qué les impide llevar a juicio a los criminales y masacradores de izquierda, ya, hoy mismo? Si los Europeos quieren justicia, una orden de captura a Villalobos en Londres lo hacen en un santiamén – tal y como apresaron a Augusto Pinochet, siendo Senador Chileno, en Inglaterra, en 1999.

Que quede claro: Yo no abogo por la captura de nadie. Yo abogo por dejar todo esto atrás, para dejar que sanen las heridas que deja todo conflicto. Pero como algunas fuerzas de la extrema izquierda persisten en ello, aprovecho la oportunidad para señalar la hipocresía ilimitada con la que se conducen.

Pero si esto sigue este curso retrógrado, y se abren juicios, los jueces requerirán pruebas. ¿Las tienen? Existen cantidad de medios informativos en los cuales las izquierdas podrían publicar esas pruebas. ¿Quién detiene a los europeos? ¿Quién calla a Robert White?

Mi conclusión ha sido que esas pruebas no existen, porque de existir, ya se habrían publicado. Eso de decir que fulano y sutano tienen las pruebas, no va a sobrevivir un examen judicial.

Sin embargo, usted, Sr. Ascencio me hizo llegar documentos de la CIA, desclasificados, en inglés, que por sus palabras, le fueron dados por el Sr. Robert White, y éstos son considerados “pruebas”.

Antes que nada, déjeme asombrarme de cómo el organismo más despreciado por las izquierdas mundiales desde su fundación, la CIA, ahora que les conviene ha pasado a ser considerado un ejemplo de veracidad, decencia y sabiduría, digno de sus alabanzas . “Cosas veredes, Sancho”.

Después de tener la oportunidad de leer estos documentos de la “intachable” e “infalible” CIA, he llegado a la conclusión de que esos documentos lo único que prueban, era que la Embajada Americana estaba haciendo lo imposible en esa época, para que Arena no ganara las elecciones de 1984, como parte de su plan de derrotar a la guerrilla en El Salvador (y a los Sandinistas en Nicaragua, de paso). Estos documentos, lejos de ofrecer prueba contundente, ofrecen una narrativa de los esfuerzos por extraditar a fundadores de Arena a Estados Unidos, basándose en evidencia circunstancial, como los mismos documentos señalan, cuando se basan en informaciones obtenidas del periódico Washington Post. Los blancos de la Embajada eran ex militares civiles fundadores de Arena, de baja, quienes no seguían las órdenes del Alto Mando Militar, sino sus propios designios políticos, y en esa época, sus designios políticos eran derrotar al candidato apoyado por los Estados Unidos, el Ingeniero José Napoleón Duarte.

Entonces, lo que aportó Robert White, no prueba más que los Estados Unidos consideraban a los civiles y ex militares fundadores de Arena, un enemigo a quien derrotar y desprestigiar, para ganar la guerra en El Salvador y en la región, en el contexto de la “Guerra Fría”.

No entiendo por qué esos documentos públicos ya, no han sido publicados, para que la gente los lea y lleguen a sus propias conclusiones.

Sin embargo, vale la pena aplicar lógica a estos documentos: no podían ser blancos de los Estados Unidos los mismos militares a quienes estaba ayudando a derrotar a la guerrilla, ¿cierto? Por ende, a quienes se refieren los documentos de Robert White, tenían que ser “otros”, y no los mandos militares. Y esto lo sabe el mismo Robert White, lo cual explica por qué estos documentos públicos no han sido plasmados en toda página web izquierdista en todo el mundo, puesto que ya tienen tiempo de haber sido desclasificados.

Por lo tanto, sigo esperando “pruebas” que apuntan a una Fuerza Armada “institucionalmente criminal”.

Ahora permítame a mí aportar una prueba: el profesionalismo del ejército en Irak. Lo que se dice de los militares salvadoreños en Irak es más que loable. Y lo dicen americanos como Colin Powell, Robert Gates y David Petraeus y los mismos jeques iraquíes. Compañeros míos de West Point me escriben diciendo que los militares salvadoreños, los “El Sals”, son verdaderamente dignos de elogio.

Los que fueron mandos bajos y medios del ejército en el conflicto fratricida nuestro, son los que, habiendo ascendido, han entrenado a los mandos bajos de hoy y han ido a liderar tropas nuestras a Irak. Estos compatriotas castrenses no han ido a “cometer atrocidades” o a formar “escuadrones de la muerte”. Han ido a combatir gallardamente, y a ayudar en la reconstrucción, cubriendo de gloria a su institución y a su país. Esta conducta de nuestras Fuerzas Armadas en Irak, con los mismos partícipes que en nuestro conflicto interno, desmiente por completo cualquier acusación maliciosa lanzada en contra de nuestra institución armada.

Y eso probablemente hace inútil, retrógrado y contraproducente cualquier esfuerzo por desenterrar el cadáver fétido de nuestro conflicto fratricida. Mayor evidencia de ello es que a la prensa mundial, ya no le interesa. Y cualquier esfuerzo por exhumar esas tumbas, ha encontrado la oposición de los mismos ex guerrilleros.

Para concluir, permítame repetir lo que he dicho públicamente y que me ha sido publicado en el blog de Ernesto Rivas-Gallont: el conflicto en El Salvador, fue justo. Es imposible tener a un pueblo subyugado y miserable por tanto tiempo, sin que la situación estalle. Jamás he expresado más que respeto por quienes combatieron. La guerrilla luchaba por justicia social, nosotros por una democracia (que esperábamos llevaría a esa justicia social tan necesaria).

Mi lucha hoy es contra 1) los que siguen perpetuando las circunstancias económicas y sociales que llevaron a esa guerra cruenta, porque no quiero que se repita, 2) quienes quieren que el país se vuelva a enfrascar en una lucha fratricida por otros medios, cuando el mundo nos está dejando atrás; y francamente, 3) contra quienes siguen lanzando acusaciones propagandísticas que sirven los propósitos de unos pocos, y no de toda nuestra nación.

Vale la pena hacerse la siguiente pregunta: ¿si Arena ha sido incapaz de mejorar el nivel de vida de las masas salvadoreñas, y existe tanto descontento, por qué sigue ganando Arena por mayorías abrumadoras?

Porque Arena esgrime el arma del miedo, y ese arma es efectiva precisamente por la propaganda que proviene de la izquierda, que en realidad, pareciera ser lo único que aportan al debate.

Sr. Ascencio, y por medio suyo, Sr. Barán, yo respeto sus posiciones. Yo no nací en una cuna de miseria. Ningún pariente o ser querido mío fue muerto a manos de Fuerzas Gubernamentales (aunque mi esposa sí perdió un pariente, a manos de la guerrilla, por no pagar “impuesto de guerra”), y yo nunca supe lo que era pasar hambre. Nunca viví en champa. Y nunca me codeé, hasta que ingresé al ejército, con gente humilde, y fue por estar en los distintos frentes de guerra en el país, que conocí la miseria denigrante y generalizada en la que viven nuestros compatriotas, y es por esa experiencia que hoy pienso como pienso – hay que mover cielo y tierra por sacar a esa gente de esa miseria.

Esto nos haría aliados no sólo a usted y a mí, sino a la gran mayoría de salvadoreños. Dicho políticamente, sería una coalición ganadora.

Pero por todo lo expuesto, seguimos siendo contrincantes, en vez de aliados. ¿Es un pecado, no cree?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s