Los dos pesos y dos medidas de ivo Priamo Alvarenga

En muchos de los artículos de opinión que Ivo Priamo Alvarenga escribe para La Prensa Grafica se queja de que supuestos lectores de izquierda le responden enviándole e-mails llenos de insultos. Así empieza su texto de 13/2: “…El comentario de la semana pasada sobre tres municipios controlados por el FMLN atrajo las andanadas de insultos que, una vez más, me hacen temer lo que sería el gobierno de un partido con simpatizantes que no soportan la opinión adversa, que conocen solo el insulto por respuesta”.

No me cuesta creer que una larga franja del pueblo efelemenista tenga poca familiaridad con conceptos como tolerancia y debate. Hacen de estos una bandera, mas la reducen a mero eslogan. El problema es que dicha actitud no es patrimonio del FMLN y sus simpatizantes sino también de la derecha y, más en general, de la mayoría de nuestra gente.

Lastimosamente, coherete con su visión de mundo, Ivo Priamo Alvarenga atribuye el pecado de la intolerancia sola a la izquierda. De la misma manera ve y analiza una gestión poco feliz de San Salvador por parte de Violeta Menjivar, estigmatiza ciertas afirmaciones contradictorias o incoherentes de los dirigentes del Frente pero jamás su mirada perspicaz nos ilumina sobre las tantas miserias de la clase gubernamental. Ni una línea sobre dudosas licitaciones, obras no cumplidas, ministros de la Salud publica que son dueños de buena parte de la Salud privada, de las condenas de cortes internacionales que los funcionarios dejan incumplidas armando espectaculitos patéticos (Lainez en el caso Serrano). Ni media palabra sobre el proceso a Perla, donde a medios de información, jueces, testigos y opinionistas nos vendieron un cuento de bochornosa corrupción en el que unos pocos gatos se robaron millones bajo la nariz de un candido e inmaculado Ejecutivo que no se dio cuenta de nada.

Sobre todos estos hechos, ajenos a las torpezas del FMLN, a los lectores nos hicieron faltas las criticas que el mismo autor define “sí a veces sarcásticas, a menudo drásticas” (LPG, 13/2/2008). El problema es que él, de la misma manera que muchos simpatizantes del Frente, tiene un solo blanco. Pero estos últimos tienen una pequeña y reducida “justificación”: ellos defienden la parte a la cual dicen pertenecer; Alvarenga, me parece entender, se autodefine independiente o, por lo menos, no vinculado a ningún bando. Al leer sus opiniones cuesta un poco creerlo ya que sus criticas tienen un ángulo de rotación que no se pasa de los 180º, rigurosamente hacia la izquierda.

Y veamos un ejemplo iluminante: en la opinión en cuestión alude a una supuesta ignorancia gramatical de Mauricio Funes y luego afirma tajantemente: “Y su ignorancia no se detiene en la gramática. Su mayor ignorancia está en el arte de gobernar. Su gestión podría ser peor que la de la Alcaldía de San Salvador”. No sirve un genio para deducir que no podría gobernar bien porque no tiene experiencia ya que su trabajo ha siempre sido el de periodista (de noticias políticas). Dicha afirmación podría tener una argumentación lógica y sensata. Pero ¿Por qué tal agudeza no nos la presentó también cuando ARENA postuló a Presidente un comentarista de partidos de fútbol? ¿Será que en los ojos de uno que describía las obras futbolísticas de pateadores de pelotas Alvarenga vio la mirada del grande estadista que hoy conduce el país? Ahí está la prueba: dos pesos, dos medidas. Y que no se me responda diciendo que su contrincante era impresentable (Schafik Handal) porque las lógicas argumentativas de Alvarenga hacen hincapié sobre el axioma que el Frente, por ser Frente, nunca tendrá un candidato “presentable”. Mientras ARENA, siguiendo esta línea, puede ser que tenga alguien no excelso, pero el partido, que defiende las libertades (propias), automáticamente santifica a quien sea que se ponga su casaca. O peor, no se me diga que Saca había sido presidente de la gremial de los pequeños y medianos empresarios: en muchos sabemos que en este país muchos cargos se otorgan por cálculos políticos, por interés, por clientela, por imagen, etc., se puede hasta decir que las capacidades y los meritos de una persona tienen una relevancia muy relativa.

Por ende no dudaría que si el partido de gobierno nos presentara como aspirante a la presidencia a Sai Baba o a una formula Gato Silvestre y Piolín, nuestro opinionista se concentraría en recordarnos que si queremos seguir viviendo en un país libre no podemos votar a personas de dudoso pasado (de izquierda), ignorantes en el arte de gobernar y enemigos de la seriedad que la Nación demanda.

Nota para una moraleja: un viejo y querido amigo italiano me hizo conocer las obras de uno de los más galardonados y admirados periodistas de su país. Me ayudó en la traducción de muchos sus artículos. Se llamaba Indro Montanelli. Fue un liberal autentico, un centroderechista que vergueaba con la misma agudeza la izquierda comunista y los conservadores. Su anticomunismo fue visceral pero inteligente, jamás fanático. Nunca gastaba su tinta para recordar a cada rato que la ex Unión Soviética financiaba el partido comunista italiano porque sabía (como lo sabían todos) que los norteamericanos financiaban la Democracia Cristiana. Su lucidez le permitía evitar de inflar argumentos trillados y que desenmascararían la mala conciencia de una parte (cosa que acá se hace a menudo: hay que denunciar que Chávez financia el Frente pero no es tan importante saber de donde saca los millones ARENA…la doble moral de siempre). Por largos años Montanelli solo cometió un grande error: a cada elecciones, si bien sabía que el partido de gobierno (la Democracia Cristiana era un torbellino de corrupción) decía que había que “taparse la nariz” y votarla, porque el peligro comunista estaba tras de la esquina. En los 1989-90 fiscales y jueces de repente despertaron y empezaron a abrir la caja de Pandora de la corrupción. Salió a flote la podredumbre de 40 años de sobornos, licitaciones amañadas, conexiones con la mafia, robos, clientelismo. El partido que se creía forjador de la democracia, del buen gobierno, de la rectitud acabó arrastrado en el lodo; sin votos y con plétoras de líderes presos. Si no hubiera sido por la aparición en la escena política de un empresario nuevo como Berlusconi, el servilismo de una clase peridiostica, intelectual y mafiosa hacia los “moderados”, preocupados a encubrir sus fechorías, Italia habría caído en las manos de los comunistas (que entonces se llamaban aún así).

Moraleja: la izquierda radical no gana en virtud de sus propuestas o de sus programas sino gracias a los rotundos fracasos de las políticas y de las actitudes de ciertas derechas, acompañadas por sus cantores. Como en Venezuela: Chávez se hizo emperador porque los conservadores por décadas se preocuparon de ver como aumentaban sus patrimonios sin ser fiscalizados y pagando menos impuestos posibles. Todo condimentado con una corrupción elevada a costumbre gubernamental. Y que ahora se chupen al nuevo dictador. El que es causa de su propio mal, llore y compadezcase a sí mismo.

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