¿El fin de la derecha en el país?

Autor: Ángel Juárez


 

Un connotado estadista de la derecha decía, en una de sus tantas entrevistas, que la nación se encuentra ante una gran disyuntiva histórica en este año que viene 2009. El gran temor de muchos se puede hacer realidad: que el país se cubra con una túnica rojiza. Como si un gran tsunami de ese color invadiera nuestras costas (posiblemente con el epicentro en las costas de Venezuela) y llegara hasta nuestros caseríos y cantones más distantes; así presentaba la escena. Escena que le quitaba muchas horas de sueño.

“No puede ser, no puede ser”, decía, con un tono grave y pensativo, “si la profecía decía que El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán”. Qué mal podría lucir a un país con gobiernos militares y de right wing acabe en la dirección contraria, si ha habido tantos defensores contra tales posturas. Ya la revolución murió, los viejos barbudos ya también se están acabando, pero el peligro todavía está latente. Pero en esta última hora, corren el peligro todos los nacionalistas de no cumplir la promesa ancestral de estar presentes por la patria.

“Muchos no saben lo que les espera. No entienden nada de socialismo ni comunismo”, apuntaba, “lo que pasa que ese partido de malandrines ocupa tácticas populistas (que igual todos la utilizan, como regalar camisas, gorras, llaveros). Esto tiene un poder increíble de atracción. Además nos han robado nuestras estrategias partidarias, que ocupábamos desde la época de las primeras elecciones (la cual es la estratigia infalible y bien pensada de regalar almuerzos y, como plan de contingencia, regalar tamales). Son nuestras estrategias y nos las han robado”. Pobres, para imaginar otras… la tienen muy difícil, una vez descubierta su táctica secreta.

Sin almuerzos ni tamales, la siguiente táctica, meditaba, era la de descubrir las verdaderas intenciones de estos pícaros. “Todo gobierno socialista está liderado por un loco, así de simple. Socialismo igual a loco megalómano en el poder. No ve que se acaba la propiedad privada (o sea, nos quieren quitar el hueso para comérselo solo ellos). El Estado mete sus malévolas manos en todo (y no nos toman en cuenta), y cuidado con meterse contra él. Al final todos se convierten en robots o, por lo menos, en zombies. Nadie quiere zombies andando por allí. ¡Zombies, oigan bien lo que digo!, con los cerebros cambiados y modificados por los doctores en los laboratorios socialistas, con el único propósito de seguir las instrucciones de un loco o, en el mejor de los casos, un títere del poder.

En cambio, el comunismo y los comunistas son cosas aparte. En el comunismo no gobierna un loco, sino los vampiros. Una vez en el poder, por las noches salen a las casas de la gente más pobrecita a chuparles la sangre. Los niños son los que prefieren. Una vez que instalan sus colmillos en el poder y en el pueblo, no dejan de chupar la sangre de todos (y no les gusta compartir). El poder y la destrucción que causa su hechizo es inmenso; se ha visto en otros lados y ahora se cierne sobre el país esta sombra…”

El pobre no dejaba de lamentarse ante este tremendo predicamento en que se encontraba. “Oh, y ahora, quién podrá salvarnos”. Pero todavía puede aparecer una tercera vía o un candidato ideal del partido nacionalista, que ponga primero a El Salvador, segundo a El Salvador y tercero al partido (con todos los amigos y familia incluidos), por supuesto.

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