Gilles Bataillon: Retos y Logros de la Democratización en El Salvador

Redacción de Patria Exacta


Patria Exacta tuvo la oportunidad, justo el mes pasado, de entrevistar a Gilles Bataillon, reconocido sociólogo e investigador del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, en ocasión de su estadía en nuestro país para participar en el III Congreso Centroamericano de Ciencias Políticas organizado por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA).

Como ya señalamos en distinta oportunidades, nuestro medio información/debate/análisis de la realidad nacional, centroamericana y latinoamericana nació con la profunda convicción que el contexto político y social de El Salvador no se puede entender sin una seria y honesta aproximación a la raíz de los fenómenos sociopolíticos que han determinado lo que hoy vivimos.

Enfrentar dicho argumento en nuestra querida patria es todavía muy difícil: la polarización de nuestro escenario político y la constante tergiversación y manipulación de las transformaciones sociales y sus significados y causas por parte de los dos partidos-dueños del país no dejan mucho espacio a un debate constructivo y sereno.

Finalmente hay que aceptar que la investigación social e histórica es en nuestro país todavía una criatura raquítica atrapada por un lado a la ideologización y al panfletarismo de matriz marxista y del otro a esquematismos analíticos que casi se pueden similar a las encuestas que promueven los dos grandes medios de comunicación escrita.

Desde la firma de los Acuerdos de Paz nuestra clase dirigente, que se ha construido a sí misma sobre los votos y el patrimonio más que sobre el merito, el talento y la preparación, ha pretendido construir la democracia, o ausencia de un totalitarismo violento, eclipsando el pasado y reinterpretándolo a la luz de una nueva sociología: la de los centros comerciales y de del consumismo como paradigma de todas las libertades.

La ex-guerrilla por su parte ha quedado atrapada en el pasado y en lugar de usarlo como instrumento para medir cambios, reales y de actitudes, verdaderos o ficticios, o para interpretar el presente, lo emplea solo para echar en la cara del enemigo sus raíces autoritarias. Los que no aceptan alinearse a una de estas dos opciones, el famoso “sistema democrático” los tumba en el silencio. Pero no los mata ni los persigue; respecto a los ’80 es ya algo… ¿o no?
Exactamente sobre este punto ha empezado nuestra charla con Bataillon. Él, como profundo y atento conocedor e investigador de los procesos que llevaron a la democratización de las sociedades centroamericanas, considera que la década del ’90 representa en todo el istmo un claro y evidente viraje hacia unas institucionalidades políticas que definitivamente aceptan entrar en el juego democrático. Bataillon subraya que el hecho de tener elecciones periódicas que pueden determinar cambios de gobiernos nacionales y locales, constituciones que declaran que nadie tiene el derecho de molestar o perseguir a otros por sus posiciones políticas, la libertad de asociación, la aceptación de toda la arquitectura de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre son todos elementos que marcan un cambio profundo. Dice que no se puede negar que hoy en El Salvador como en toda Centroamérica hay un nuevo tipo de sociabilidad humana: las nuevas estructuras democráticas que rigen los países condenan a todos los actores sociales y políticos a discutir, debatir y buscar acuerdos consensuados.

Frente a las criticas, siempre más fuertes y tajantes, que la “no-derecha” mueve a lo que llama “régimen arenero” el sociólogo francés responde con un análisis lucido y pragmático. Bataillon subraya que el caso salvadoreño tiene una especificidad que explicaría parcialmente ciertos problemas aún hoy pendientes en cuanto al desarrollo de una autentica democracia. Los Acuerdos de Paz del 1992 en realidad no representan, como en el caso de otros países del área, el recupero de la democracia sino su nacimiento ya que el Pulgarcito de América nunca en su historia conoció un verdadero sistema de libertades o de autentico pluralismo político. Con las firmas de guerrilleros, militares y areneros en Chapultepec, El Salvador se asoma por primera vez a un escenario, a un mundo donde la gente, el pueblo de los marxistas y de los demagogos derechistas, cesa de ser masa o súbdito y se trasforma en ciudadano. Lógico es que todas las “primeras veces”, como enseña la vida en cualquiera de sus manifestaciones humanas, comporta una falta de experiencia o de “conciencia histórica” que puede atrasar ciertos procesos de aprendizaje. En esto estaríamos los salvadoreños: en el camino hacia una sociedad que debe acostumbrarse a ser constructora de sus mismas libertades, lista a defenderlas y ampliarlas renunciando a la idea de un “poder” que concede y reglamenta desde arriba los espacios que da o quita según se le antoja.

Adentrándose más en la política nacional, Bataillon argumenta con salaz perspicacia que si existe de verdad un “régimen arenero” habría que preguntarse porque del otro lado tenemos una izquierda que logra ganar las más grandes e importantes municipalidades del país pero jamás es, a los ojos de los mismos votantes, una digna opción para gobernar desde el Ejecutivo. Como decir: los partidos que quieren ser parte de una democracia sana y sobretodo adulta y responsable debe saber hacer autocrítica, autoanalizarse.

¿Y los medios de comunicación? Hay que decir la verdad: Patria Exacta se presentó a Bataillon quejándose del sovietismo derechista (que preferimos llamar simplemente arenero, por una forma de respeto al pensamiento de derecha que ARENA no encarna sino trivializa) de los medios de nuestro país que se parecen en la mayoría de los casos a voceros gubernamentales, pero él supo proponer, no sin razón, unos matices. Si bien tildó cierta prensa de “periodicazos”, que disparan macanazos contra la oposición vista como un enemigo y no como un adversario (¿y qué no debería ser adversaria de la derecha y no de los medios de comunicación?), Bataillon subrayo la importancia de la existencia de voces (una de estas pretende ser Patria Exacta) que no se alinean ni con la derecha troglodita ni con la izquierda más intransigente y que buscan ampliar el abanico de análisis de la sociedad y de la política.

A la sombra de una polarización que por momentos parece aplastar y aniquilar todas las ideas que no quieren someterse a unos de los amos de la sinrazón, se mueven los duendes de una firme voluntad de ser parte del proceso de democratización incipiente que el sociólogo francés considera finalmente positivo y fructífero.

Nota final: Dejamos así nuestros a lectores con una frase de Bataillon que consideramos clave y que todo profesional de las ciencias sociales y del periodismo debería conocer para poder contribuir al proceso de construcción de la democracia nacional: para interpretar nuestro presente se necesita de “responsabilidad con la historia y no con los amigos…”. Gracias señor Bataillon.

La redacción de Patria Exacta se compromete delante de Gilles y sus lectores a presentar en futuras y cercanas fechas el video completo de la entrevista que por razones técnicas no ha sido publicado aún.

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