Cada vez más decadente la democrácia

Autor: Marvin Ascencio


Es evidente, dijo Gilles Bataillon en una entrevista a Patria Exacta, que en El Salvador hay democracia. Y sí, esta afirmación es innegable. A partir de los Acuerdos de Paz nuestro país entró en un nuevo proceso de apertura de derechos a la población civil que no se tenían en la década de 1980. Pero en todo esto hay algo que no debe olvidarse: aquí la democracia es concebida como el conjunto de derechos, eximida de deberes, de quien tiene la capacidad económica de adquirirlos. Se tiene la libertad de expresarse pero solo de manera escrita, como lo hacemos en la presente página web, donde solo los sectores más educados de la población tienen acceso, pero no se tiene el derecho de expresarse en las calles en protestas públicas pacificas, aunque así lo dicte la Constitución Política, porque se corre el riesgo de ser capturado y procesado por terrorista, o la nueva modalidad: atentado contra la paz pública, delito que podrá ser penado hasta con diez años de prisión. Esto solo pasa en El Salvador.

Y es que en el Internet hay más libertad puesto que no hay control del Estado en este medio, aunque sí algunos métodos por los cuales pueden acallar la voz popular. Por ejemplo, a principios de año, presumo, el gobierno de El Salvador, en consorcio con las ISP (Internet Service Provider), estuvieron bloqueando las webs de noticiarios guatemaltecos para que desde El Salvador no se pudiera acceder a ellos a leer las noticias sobre el caso de los diputados salvadoreños asesinados en aquellas tierras, bloqueado o redireccionando los DNS de las mismas, ya que estos, presuntamente, estarian vinculados en estructuras del narcotrafico centroamericano.

Aquí se aprueban leyes “antiterroristas” para reprimir las protestas públicas de las personas que se están aglutinando cada vez más en contra del actual gobierno por la mala administración; y hoy, cuando ya no pueden sostener la constitucionalidad de dicha ley, pretenden reformar los artículos del Código Penal referidos a los “desordenes públicos”, reformas que tendrían el mismo espíritu, inconstitucional y represivo, de la Ley Contra Actos de Terrorismo. En ningún momento se está de acuerdo conque las protestas públicas involucionen en actos bandalicos, pero en un país donde un presidente alza el rabo y se llena la boca diciendo que hay plena democracia, paz social y gobiernos con sentido humano y no pone atención al pueblo de ninguna otra forma pareciera no haber otra forma. Ni en Venezuela o Cuba, catalogados por el mandatario salvadoreño como los países con menos democracia, se evita la apostacia contra el gobierno. Las protestas, en esos países, se ven todos los días y nos los presentan los mismos medios de comunicación detractores de los mismos con el ánimo de decirnos “miren, allá no están mejor que aquí a tal punto que hay protestas masivas”, y no se dan cuenta que nos muestran que allá existe más democracia que acá.

Y auguramos lo mismo que dijimos en cuanto a la ley antiterrorista, y es bueno que la comunidad internacional lo tenga bien presente para cuando pase: las reformas que están por aprobar podrían estar bien en su esencia, pero hay que ver la forma errónea en que se aplican. Recordemos lo que sucedió hace solo unas semanas cuando se capturó a 14 personas que participaban en una protesta pacifica en contra de la supuesta “DESCENTRALIZACIÓN” del agua (mismo nombre que se le dio a la privatización de la banca salvadoreña que hoy ya no es salvadoreña porque sus dueños son HSBC, Citybank, ScotiaBank y Bancolombia), o en la captura de vendedores de CD’s piratas a los que procesaron y condenaron por “terrorismo”. Esta es la democracia en El Salvador.

Dato curioso solo a saber: faltan tan solo un años para que entremos en elecciones generales y todas estas reformas auguran ser parte de la represión que El Salvador va a vivir cuando en una obligada segunda vuelta el partido gobernante haga fraude. Tendrá que utilizar sus leyes, las que ahora están reformando y aprobando, para reprimir las protestas que de seguro se van a desatar. Peor, se hará esto y se dirá que “se está apegado a derecho”.

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