Señores Arzobispos, lean el Octavo Mandamiento

Autor: Wladimir Ruiz Tirado | Embajada de Venezuela


Carta pública del Encargado de Negocios de la República Bolivariana de Venezuela en la República de El Salvador, Wladimir Ruiz Tirado, a los Arzobispos centroamericanos.

Cabe suponer que ustedes, como monopolizadores tradicionales del saber que han sido y aspiran continuar siendo, saben que me refiero al mandamiento expreso del dios que ustedes dicen venerar, el cual señala: No levantarás falsos testimonios y mentiras.

Añade la enseñanza tradicional del credo religioso que quien hace una afirmación contraria a la verdad, ésta posee una gravedad particular cuando se hace públicamente y más cuando se expresan en el marco de festividades religiosas de hondo calado colectivo. Todo esto agregado al hecho de hacer juicios temerarios contra el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, sin tener elementos de juicio y fundamentos suficientes. Eso en cristiano ortodoxo se llama calumnia y ustedes lo saben. Como también deben saber que, como altos jerarcas de una corporación eclesiástica, ustedes están llamados por su culto a no proferir ofensas o palabras que puedan causar daño injusto, están ustedes juzgando indebidamente la reputación de nuestro Presidente.

Quizás algunos feligreses caigan por inocentes ante tan insensatas y desconsideradas monsergas. Nosotros no. Sabemos que la alta jerarquía eclesiástica proviene de un proceso de institucionalización de un poder terrenal inconmensurable. Como lo refiere el historiador Leo Huberman, en su libro Los Bienes Terrenales del Hombre, sólo en Europa la iglesia era propietaria de dos tercios de la propiedad territorial. Y cobraban diezmos, entre otros tributos, a la población campesina, los siervos de la gleba. Pero, además, tenían el monopolio del saber. Con bibliotecas escondidas laberínticamente en abadías y conventos, como muy bien lo describe Humberto Eco en su novela El Nombre de la Rosa. Y, por si fuera poco, oficiaban la misa en latín, una lengua que paulatinamente cayó en desuso como otras de origen romance.

Con todo ese enorme poder ésta terrenal iglesia ha acompañado las más grandes atrocidades que se hayan cometido en la humanidad en nombre de dios. Sólo para ejemplificar. Ustedes llegaron a lo que hoy es América acompañando las espadas que aniquilaban a nuestros aborígenes ancestros, imponiéndoles una nueva deidad. Una catequización forzada pues ellos tenían sus propias creencias religiosas. Formaron parte de las acciones de sucesivos holocaustos de conquista y colonización, colocándose siempre en posiciones de dominio y de privilegios sociales, todo arropado bajo un supuesto manto divino. Privilegios que hoy se rehúsan a abandonar. ¿Recuerdan la época de Tomas de Torquemada, cuando quemaban vivos a quienes contrariaran su credo? Menos mal que se les salvo Galileo, al menos por él sabemos que nos movemos y que las cosa y los hombres cambiamos.

No soy cabalista. Sin embargo la del siete encaja perfectamente al contabilizar los actores y sujetos de la entente golpista en Venezuela. Me refiero al golpe de Estado perpetrado en abril de 2002 en contra del gobierno legítimo y constitucional del Presidente Chávez. Nunca antes en la historia de Venezuela, desde la época de La Cosiata, en 1826, se había producido una coalición semejante en contra de un gobierno democráticamente electo. Les pregunto señores arzobispos qué hacían los altos jerarcas de la iglesia al lado del generalato golpista, los líderes de los partidos de la vieja república, los jefes de FEDECAMARAS, los dueños de los medios de comunicación privados, los antiobreros jeques de la CTV y, of course, la inefable embajada norteña? Ahí es donde podemos encontrar la explicación, no sólo de la violación de uno de los preceptos de la “ley de dios”, sino también la saña y el agavillamiento contra el Presidente Chávez.

¿Qué les incomoda del Presidente Chávez? ¿Qué haya triunfado democráticamente en 10 procesos electorales? ¿Qué haya colocado al pueblo como protagonista de su historia? ¿Qué haya reivindicado el pensamiento nacionalista, democrático y popular de nuestro Libertador Simón Bolívar? ¿Que haya re-nacionalizado la industria petrolera colocando sus divisas al servicio de toda la población venezolana? ¿Qué haya reivindicado los derechos de los pueblos aborígenes? ¿Qué haya democratizado la salud y la educación? ¿Qué distribuya la tierra entre los campesinos? ¿Qué haya establecido la igualdad de género? ¿Qué le haya otorgado protagonismo a la Fuerzas Armadas Nacionales? ¿Qué haya convocado la unidad de los trabajadores? ¿En fin, que haya democratizado la vida entera de los venezolanos, inclusive la de los medios de comunicación, esos que algunos editores tarifados monopolizan? ¿O que ahora, con el Proyecto Simón Bolívar, del Socialismo del siglo XXI se proponga una democracia plena en el uso y usufructo por parte del pueblo venezolano de nuestros recursos estratégicos y de riquezas que sólo pertenecen al pueblo de Venezuela?

Porque eso y no otra cosa pretende impulsar la reforma constitucional, aún en discusión y con apenas algunos anuncios preliminares. Sepan señores arzobispos que una vez elaborada la propuesta ésta será sometida al debate legislativo y posteriormente a referéndum popular. ¿Les pregunto: es esto una dictadura? Señores Arzobispos, ustedes por la posición social y política que ocupan deben, como ninguna otra institución, cuidarse de los excesos del lenguaje y de las opiniones torcidas. Hablar y prejuzgar sin conocimiento de causa constituyen, no sólo un exabrupto, sino una toma de partido sobre asuntos que son propios y exclusivos de los venezolanos. Lamentable para ustedes colocarse al lado de sus colegas de nuestro país, quiénes por aliarse a factores golpistas y desconocer la voluntad de cambios que anima a muestro Presidente y a nuestro pueblo, están condenados al más terrible de los destinos: la soledad. La feligresía que hasta ahora les ha acompañado seguro estamos asumirá el camino de la liberación, una nueva teología en construcción.

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