Lafitte Fernández (Periódico El Mundo) contra Sigfrido Reyes y los demás rojos

Hace unos meses volví a comprar El Mundo. Me impactaron positivamente ciertos cambios, una cierta renovación: más completo, más detallista, en cierta medida más abierto.

Esta mañana llamó mi atención la opinión de Lafitte Fernández donde arremete con no poca virulencia verbal en contra del diputado Sigfrido Reyes del FMLN. El motivo, nos explica el periodista, es que Reyes lo acusó de ser unos de los tantos que usan el caso Belloso para desacreditar su instituto político. Fernández escribe que el diputado dijo a un periódico “en el que, sin duda, se siente muy cómodo, que yo participó de esta supuesta conspiración mediática” (contra el Frente). Se queja que la izquierda lo llama “pseudo periodista o periodista orgánico”. Más adelante en su articulo, Fernández rememora cuando Sánchez Cerén lo acusó de ser colaborador del OIE pero no lo pudo demostrar. En resumida cuenta, quizás el periodista “recién llegado” a El Mundo tiene su buenas razones para estar enojado.

Pero veamos de ir un poco más allá de polémicas que en realidad hunden sus raíces en la actitud general y generalizada del periodismo nacional hacia ciertos temas y, sobre todo hacia ciertos partidos y sus dirigentes.

Podría recolectar cientos de testimonios de aprendices y periodistas que desde sus simpatías “izquierdistas” han tenido que mudarse a la casa ideológica de la derecha para poder trabajar. Hoy, entre amigos, te lo cuentan y te dicen como pasó, pero ni pensar de decir sus nombres: ellos tienen una familia que mantener y cuentas que pagar y, por lo tanto su lugar de trabajo, lo defenderían hasta jurar lo que sea. Todos sin dudas admiten que nunca, al llegar a un medio de comunicación, se toparon con algún superior que le dijo, o peor, que le impuso, como pensar o redactar. Simplemente se lo hicieron entender. Al mismo tiempo vieron como los “rebeldes” fueron paulatinamente corridos. Claro, sin mucha bulla ni escándalo, porque, ya sabemos todos de memoria que los medios de comunicación de El Salvador son libres e independientes, voz de la pluralidad democrática.

¿Por qué digo esto? Exactamente porque la polémica entre Fernández y Reyes nace de ahí, de este histórico problema de nuestro periodismo. Y más, en dicho intercambio de acusaciones los dos tienen la razón.

Tiene la razón Lafitte Fernández cuando acusa el FMLN de demagogia, de atacar a ráfagas a todos los comunicadores sociales muchas veces sin medir la sustentabilidad de ciertas acusaciones. Tiene la razón cuando subraya que hay una izquierda que esquematiza la realidad y la pinta según le convenga, y que adopta la consigna “o conmigo o contra de mí”. Pero, y es un pero muy pesante, esa misma izquierda, el FMLN, debe desarrollar su acción política, su quehaceres parlamentarios, sus campañas electorales, sus manifestaciones en una constante atmósfera de “emboscada” por parte de los medios de comunicación. Cualquier persona con un mínimo de honestidad intelectual se da cuenta que el trato que se le da al FMLN es constantemente sesgado.

Sería suficiente encargar a una Universidad europea una investigación de análisis de los medios salvadoreños y resultarían claros ciertos elementos. Tenemos periódicos que usan un vocabulario digno del franquismo español, casi ni nombran la palabra FMLN; prefieren “rojos”, “comunistas”, “delincuentes”, “bochincheros” entre los calificativos más usuales. Otros, la mayoría, buscan mantener una posición más moderada y se limitan a resaltar, por ejemplo en un discurso de tres horas, la cinco palabras que más se prestan a ser estigmatizadas, o tergiversadas. O mejor aún, más que reportear las posturas rojas, las reinterpretan en una clave que puntualmente es descalificante. Hasta las fotos no son fruto de casualidad: ¿se acuerdan de las pasadas elecciones presidenciales? Todas las imágenes de Handal lo mostraban gritando, gesticulando, enojado; la de Saca eran de un hombre tranquillo, sonriente, “concertador” (creo que hasta lo escribieron en un pié de página, como si casi fuera una característica física).

Es claro y evidente que si a uno lo tratás a diario a pedradas, no podes esperar que a la fuerza te contracambie con cordura y moderación. ¿Quiénes son los opinionistas de nuestra prensa nacional? En buena medida los críticos de la izquierda, pasando por los que mal disfrazan posturas de calumniadores, aquella misma postura que reprochan al Frente. ¿Y los espacios para la opiniones de los “progresistas”? Si, hay pero a pacto que sean arrepentidos de su militancia en el FMLN y que aprovechen la media o cuarto de página que se le da para acordarnos que mala elección es el partido de los Reyes y Sánchez Cerén.

El eterno e ilustre ausente, a todo detrimento del sano análisis político, es la critica al gobierno y a su administración, casi en los últimos 18 años hubiera sido la dirigencia del Frente a estar sentada en la silla de la Presidencia del país. Y hay hasta algo peor: en nuestro país un cierto partido ni pagano dolarcito sobre dolarcito un espacio puede expresarse sin los filtros de los guardianes de la democracia. Luego, frente a las explicaciones de los dueños de los medios por tal deniego, toda la legión de nuestros independientes periodistas en su conjunto y cada uno individualmente se ha distinguido por la actitud menos “periodística “ que exista: el silencio.

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