La hermandad del Maíz -Crónica Cuzcatleca (4)-

Autor: Wladimir Ruiz Tirado | Embajada de Venezuela en El Salvador


“De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres…” Popol Vuh. Tercera parte, Capítulo I.

De maíz venimos, de él somos constituidos según los dioses de la creación mesoamericana. Dándole continuidad a esta especial cosmovisión Miguel Ángel Asturias (1949) se inspiró para edificar la más grande poesía que entre el mito, la leyenda y la realidad, concibe la creación y la vida a partir del cultivo de esta gramínea y escribió: Los Hombres de Maíz.

Como muy bien lo refiere Freddy Castillo Castellanos en su reciente visita a El Salvador: “Vinieron de la pupusa y hacia la pupusa van…los salvadoreños fueron hechos de maíz, alimento que les permitió seguir procreándose con todos sus hallazgos comestibles y resistir las hecatombes que habían de venírseles encima. Así, desde la ancestral tortilla, pudieron, con la invalorable ayuda del frijol, pasar lentamente a la genuina exquisitez de la pupusa y brindarle al mundo una creación gastronómica que, nosotros, desenfrenados comedores de arepa de Venezuela, no dejaremos nunca de alabar.”

Pupusa y arepa se juntaron en tiempos recientes en dos festivales gastronómicos, uno organizado por la Agrupación de Cónyuges Diplomáticos y, otro, por invitación de la Alcaldía de Antiguo Cuscatlan. En ambos reinó la multiplicidad de texturas, olores, sabores y técnicas culinarias de las muestras gastronómicas de las diferentes culturas y países con representación diplomática acreditadas en El Salvador, sin embargo, para nosotros, hombres del maíz y en particular para los venezolanos y salvadoreños que disfrutamos de ambos eventos, el verdadero ombligo del mundo estaba representado por la hermandad de estas dos modalidades de la tortilla o arepa. Somos deudores de la degustación de estos platillos, en primer lugar de María Josefina, mi esposa, quién coordinó su ejecución, así como de los trabajadores de nuestra embajada: Rosa, Udelia, Dilia, Ana, Elba, Leonardo, Héctor, José Luís y Yolanda. Este servidor colaboró con la cocción del asado negro y con la previa plantación del “ají dulce” en la residencia de la embajada de Venezuela.

Hechas con técnicas diferentes en cuanto a la preparación de la masa y del relleno, pero, provenientes de una misma cultura y tradición culinaria. Mientras la pupusa se elabora con masa de maíz nixtamalizado, la arepa apela al procedimiento del “pilado” y posterior cocción, luego difieren en la manera y en el tiempo como se rellenan. La pupusa lo hace previo al asado de la tortilla, generalmente con frijol, chicharrón y queso, mientras que la arepa se asa primero, luego se abre y acepta cualquier tipo de acompañamiento: carnes, quesos, caraotas, ensaladas, embutidos, jamones, etc.

En realidad, toda culinaria que se respete debe tener varios componentes sin los cuales sería una impostura. Como mínimo deben conjugarse: territorio, gente, historia y creatividad. Comida sin evolución histórica, sin territorio donde se produzcan los alimentos y sin gente que convierta su yantar diario en una cultura, puede que complazca las pretensiones homogenizadoras de la “mano invisible” del mercado, pero no los paladares y la sapiencia de quienes asumimos el acto de comer como una síntesis de experiencias humanas que generalmente están asociadas, no sólo a la reproducción de la vida misma, sino también al placer y al disfrute del acto de alimentarse. Incluso en la precariedad de las culturas de subsistencia esto es así.

Pues bien, esta larga y cimentada cultura del maíz y nuestros propios pueblos tienen sobre sí una enorme espada de Damocles. El plan para convertir los alimentos en combustibles, lanzado por el Presidente de Estados Unidos de América, se cierne como una amenaza cruel y dantesca que, no sólo devastaría bosques y suelos, agua incluida, sino que significaría hambre para el ochenta por ciento de la población mundial. La voracidad de la maquinaria industrial y el parque automotriz americano no tienen límites, sobre todo porque sus reservas energéticas están exhaustas, se estima su extinción en 12 años, y su consumo diario está en el orden de los 20 millones de barriles de petróleo diario.

El Presidente de Cuba Fidel Castro nos ilustra con cifras muy elocuentes lo que significaría sólo para los E.E.U.U. el uso del maíz como combustible:“Hoy se conoce con toda precisión que una tonelada de maíz sólo puede producir 413 litros de etanol como promedio, de acuerdo con densidades, lo que equivale a 109 galones. El precio promedio del maíz en los puertos de Estados Unidos se eleva a 167 dólares la tonelada. Se requieren por tanto 320 millones de toneladas de maíz para producir 35 000 millones de galones de etanol. Según datos de la FAO, la cosecha de maíz de Estados Unidos en el año 2005 se elevó a 280,2 millones de toneladas. Aunque el Presidente hable de producir combustible a partir de césped o virutas de madera, cualquiera comprende que son frases carentes en absoluto de realismo. Entiéndase bien: ¡35 000 millones de galones significan un 35 seguido de nueve ceros!”.

Atilio Borón en la misma dirección sostiene que una nueva triple alianza está confabulada para trasladar a los pueblos del sur los efectos negativos de tan macabro plan: “Gigantescas empresas del sector de agro negocios, así como las grandes petroleras y las automotrices están forjando una alianza inédita con sus ojos puestos en las fabulosas ganancias que, con las complicidad de algunos gobiernos del Sur, esperan obtener con los biocombustibles.” Este mismo autor alerta sobre el porvenir de esta nueva ilusión que los poderes hegemónicos del mundo han colocado como espejismo ante los ojos de los depauperados de la tierra, especialmente los pueblos del sur, quienes seríamos nuevamente condenados a pagar con hambre y sufrimiento su desmedido afán de lucro.

Pero no sólo los pupuseros y areperos estamos amenazados, también los adoradores del dios Dioniso o Baco. Aquellos quienes acompañamos nuestras cuitas con algo de etanol. En efecto, el etanol no es otra cosa que alcohol etílico, base y fundamento de todas las bebidas espirituosas producidas por la destilación de diversos alimentos como maíz, cebada, caña de azúcar, frutas, uvas, entre otras tantas. ¿Qué dirían los poetas y escritores, José Esteban Ruiz Guevara, Orlando Araujo, Víctor García Sereno, Bernardo Briceño Monzillo, Humberto Febres, Víctor Valera Mora, Ludovico Silva, José Vicente Abreu, cuando se enteraran que el destino de sus elíxires irá a parar a los motores de los automóviles o a las fauces de la maquinaria industrial?

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