Escenas desde un Tribuna: Qué asco – 15 mareros condenados –

El pasado martes el Tribunal de Sentencia de Sonsonate condenó 15 pandilleros de la Mara Salvatrucha a penas que van de los 15 a los 60 años. Los sentenciados hacían parte de distintas “clickas” y han sido encontrados culpables, entre otros crímenes, de 19 homicidios. Esta era la parte buena de la noticia.

En el mismo proceso 25 pandilleros salieron absueltos porque la Fiscalía no pudo fundamentar con suficiente fuerza el delito de agrupaciones ilícitas. El Ministerio Publico no supo fundamentar que estábamos frente a una estructura organizada para cometer crímenes. Ahora la Fiscalía presentará en la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia un recurso de casación para que anule el fallo del Tribunal. Esto quiere decir que a los imputados les quedará un buen tiempo para seguir en su exitosa carrera criminal antes que la Corte Suprema, uno de los paquidermos del sistema de justicia, decida al respecto y con el riesgo que avale la decisión del Tribunal visto el garantismo reinante en ciertos círculos sobre todo si se trata de “pobres jóvenes desorientados obligados a delinquir por una sociedad injusta y excluyente”. Hasta me la sé de memoria la canción. ¿Quiénes son los cantantes interpretes? Desde la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos hasta el ala más radical del FMLN.

Segunda parte mala de la noticia: para un doble homicidio el Tribunal dio veredicto absolutorio y así quedaron impunes 6 caballeros. Entre ellos estaba Edwin Matamoros Alvarado, alias “Snyper”, segundo jefe de la clicka Normandis Locos Salvatruchos, mano derecha de Boris Alexander Bercian Machón, “Barny”. Este ultimo es jefe de la MS y es considerado por Fiscalía y Policía uno de los peores homicidas en la historia del país.

Tercera parte triste e indignante: el Tribunal de Sentencia prácticamente se burló de las familias de las victimas: los pandilleros condenados no deberán indemnizar a los parientes de las personas que mataron.

Cuarta parte, la más bochornosa, algo que hace hervir la sangre en las venas: los condenados lanzaron amenazas.

ESCENAS INCALIFICABLES

Imagínese la escena: 25 acusados sentados frente a un juez que se miran entre ellos, hasta bromean. Tienen la pinta de quienes les vale, de quienes, condenados o no, no se han arrepentido de sus “gestas heroicas”, todos con una expresión medio loca y medio idiota del “orgullosamente salvatruchos”. Afuera de los portones pegadas a las rejas y gritando las “madres coraje” progenitora de tanta infeliz estirpe. Enojadas, preocupadas, iracundas contra este sistema de justicia que quiere arrebatarles sus angelitos. También aquí ni la sombra de vergüenza, de compasión, de dolor para las familias a las que sus hijitos mataron los seres más queridos. Amor maternal y tribalismo cavernicola se confunden en una visión de la moral que hunde en los pozos donde sus muchachos tiraban a las victimas.

Al conocer el fallo en su contra uno de los pandillero dijo: “Solo puedo decir que esto no se acaba y nunca se acabará, lejos de eso se volverá peor, tenemos gente en todas partes, esto no se va a quedar así”. Otro, al oír su veredicto de absolución, se persigno y juntó las manos como dando las gracias a Dios.

Estamos frente a una situación grotesca: el sistema de justicia salvadoreño no es ni mano dura ni mano blanda. Ni chicha ni limonada. Y pese a los sermones de los amigos de los derechos humanos, los pandilleros son los únicos beneficiarios de esta farsa. De mañana estarán en Apanteos, en Mariona o donde sea y allí se encontraran con viejos amigos. Gracias a un guardia corrupto y a sus amistades lograrán diversión alcohólica y sexual; las drogas se las pasarán por encima de los muros y las novias llegaran con celulares y chips escondidos en los antros íntimos. Luego la sociedad civil, así le llaman a esta desconocida, debatirá sobre la maldad de unos medios de información y de un gobierno que estigmatiza una juventud victima de mil abusos. Muchos, leyendo este articulo, quizás comentarán que uso el tono de la derecha, la retórica de Don Altamirano porque en nuestro país no cuentan los argumentos sino la boca y la afiliación de quien los profiere. Sea de derecha o sea de izquierda. Y, una vez más, como siempre, las pandillas dan la gracia. Yo, en lo personal, me quedo con Horacio Castellanos Moya: qué asco.

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