El quinceavo Aniversario de la firma de la Paz, y la Fiesta Rosa de la Democrácia Salvadoreña

Autor: Raúl Mijango


El próximo 16 de enero de 2007, todos los salvadoreños estaremos celebrando un aniversario más de la firma de la paz, mismo que por su trascendía histórica e importancia para el país, sólo puede ser comparado con la firma del acta de independencia patria del 15 de septiembre de 1821, que nos libero del dominio español. La firma de la paz, dejo atrás un trágico pasado de 12 años de cruento conflicto armado que provoco un saldo de: 85 mil muertos, 250 mil heridos y más de un millón de desplazados.

Con la firma de la paz, los salvadoreños no sólo dimos fin a un conflicto que agobiaba el país, con ella, desde nuestra pequeñez territorial, nos hemos convertido en un ejemplo para el mundo. No por su contenido o el simple hecho de firmarla, sino por la forma responsable y gallarda con la cual las partes realmente enfrentadas que fueron: La Fuerza Armada de El Salvador (FAES) y El Ejercito Nacional para la Democracia (END) la han asumido, sin ser ellos los promotores ni los suscriptores de tal acuerdo, más bien, fueron sus victimas, porque sí hay alguien que fue sacrificado por el acuerdo de paz, perdiendo privilegios y poder, esos fueron los mandos y combatientes de ambos ejércitos, y más los del END, porque estos no recibieron ningún tipo de gratificación ni fueron pensionados al momento de causar baja, como sí sucedió con los jefes y oficiales de la FAES. No obstante, firmada la paz, los fusiles callaron y en éste proceso no hubo: alzados, realzados, contras, recontras o rearmados, y en ello consiste realmente el ejemplo que se ha dado al mundo.

“La guerra, es la continuidad de la política por otros medios” nos decía Clausewitz, el teórico de la guerra alemán. Pero en El Salvador, los políticos tanto de ARENA cómo del FMLN, que fueron los que firmaron los acuerdos de paz y por tanto, los que más comprometidos se deberían de considerar con el cumplimiento del mismo, quienes con su practica y discurso polarizante y no reconciliador nos están legando a los salvadoreños y al mundo una peligrosa interpretación de lo que debe concebirse cómo la acción política, la cual, al parecer, la han considerado cómo la continuidad de la guerra por otros medios.

Está práctica polarizante – que tiene sumido al país en un estado permanente de confrontación política – es la principal amenaza que tiene la “aún adolescente” democracia salvadoreña, que fue el parto más importante que realmente produjo la firma de la paz. Protegerla y hacer que madure para bien de la sociedad salvadoreña es la misión que tenemos los salvadoreños, quienes debemos de castigar y no premiar a todos aquellos que quieran hacer retroceder al país con discursos, practicas y acciones irresponsables cómo las del 5 de julio de 2006 en las afueras de la universidad nacional, a un pasado de luto y sufrimiento, al que todos sin vacilación debemos evitar regresar. No se vale que un par de “cabezas calientes”, quienes sin lugar a dudas, serán los que saldrán al exilio buscando proteger sus vidas – cómo ya sucedió antes – justo después que suene el primer disparo, que ellos mismos han aclamado y provocado; los que sigan llevando y empujando al país al borde de una nueva catástrofe.

Para nadie es un secreto, qué quién escribe, en su momento fue acusado de no apoyar el acuerdo de paz, es más, hasta se me acuso de ocultar diez toneladas de armas, entre ellas, misiles tierra – aire de fabricación rusa, norteamericana y coreana y hasta se me expulso “por indisciplinado” de la organización en la cual había militado durante la guerra: El ERP. Pero la infamia y falsedad de tales acusaciones que sólo encubrían otros propósitos, ha quedado más que demostrada. En estos quince años no ha habido rearmados, no se ha escuchado ningún disparo salido de un arma de la guerra y ningún avión o helicóptero se ha caído por efecto del impacto de ningún misil, ello demuestra que he honrado con hidalguía un compromiso que no suscribí, pero que asumí con gran disciplina y responsabilidad.

La firma de la paz es el suceso más importante de la historia reciente del país y la democracia su principal legado – de eso no debe quedar ninguna duda -, por tanto debe asumirse cómo patrimonio nacional y dársele la dimensión que se merece, por eso cada celebración de su aniversario – y no solo en su “ fiesta rosa” – debe hacerse con toda pompa, debe haber asueto nacional, las bandas de paz y los y las cachiporritas deben encabezar sendos desfiles de estudiantes, soldados, policías y pueblo en general y debe honrarse la memoria de las victimas civiles, militares y guerrilleros que con su esfuerzo y sacrificio contribuyeron a la construcción de la democracia en El Salvador, en fin, debe ser un día de fiesta nacional. Y con los padres e hijos de los caídos y los actores que están vivos, de las partes que sean, debe buscarse la aprobación de medidas que en parte compensen la deuda que la sociedad en general aún mantiene con ellos.

Hoy que la paz y la democracia se visten de color rosado por celebrarse sus 15 años, es ocasión precisa para aclarar mis desacuerdos de aquel momento, que no fueron contra el acto de la firma del acuerdo mismo, sino más bien contra sus vacíos en asuntos sociales, económicos y falta de dignificación en cuanto a los componentes para la reinserción social y económica de mandos y combatientes del END y los familiares de los fallecidos en el conflicto armado. Desacuerdos que aún sostengo y por los cuales he pagado una gran factura, pero que jamás utilizaré para nublar la significación de un hecho de tal significación histórica, porque quienes siguen aferrados a la teoría del “vaso medio vació” en materia de cumplimiento de acuerdos y con ello desmerecen el valor histórico del mismo, no hacen más que desvalorizar un acto del cual ellos fueron los protagonistas, razón por la cual deberían honrarlo, más que desmerecerlo con sus pesimistas comentarios.

Pero los acuerdos de paz ya dieron todo lo que podían dar, pretender seguirlos escurriendo es equivocado, los problemas que hoy enfrenta el país no se resolverán apelando al acuerdo de hace 15 años. “La seguridad, la prosperidad y la maduración de la democracia”, que es la nueva demanda social, sólo será alcanzable construyendo nuevos acuerdos, y ese es realmente el desafió que tenemos planteado. ?Seremos capaces los salvadoreños, hoy en la paz, de arribar a nuevos acuerdos sin odios ni mendacidades?, es la pregunta. Una respuesta positiva es más que necesaria.
San Salvador, 03 de enero de 2007.

[Texto enviado por el escritor salvadoreño Raúl Mijango a la redacción de PatriaExacta]

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