Emigrantes: El Salvador no vale la pena

Nadie deja la tierra donde nació por capricho, sin un centavo en la bolsa y pudiendo confiar solamente en la benevolencia del santo al que encomendó su aventura.

Nadie se va de su familia sin saber cuando y si volverá y, ironía, de la migración centroamericana hacia Estados Unidos, sin saber cuantas veces tendrá que despedirse de los suyos antes de pasar ilegalmente la frontera.

Los emigrantes dejan sus patrias porque en ellas no hay posibilidades de lograr condiciones de vida dignas, no hay trabajo, ni educación, ni salud. Y este es el caso de El Salvador. Pero si preguntamos a la gente porqué la situación es tan crítica la mayoría simplemente enumera, sin gana ni particular énfasis, una serie de culpables: el gobierno, la situación económica (casi fuera un ente que vive de vida propia), la falta de inversiones, los politicos, la corrupción y a saber qué más. Cuando se les pide que hace falta para que el país pueda salir de esta crisis vuelven a reproponer, siempre con cierta apatía, frases hechas: “que el gobierno piense en la gente”, “que el presidente se ponga la mano sobre el corazón” etc. ¿Entonces, esperado que los politicos piensen en bien común y no en llevarse los bienes comunes (patrimonio del estado), que les queda? Irse, irse en la “land of opportunity”, que hoy la televisión les ha enseñado que se llama “sueño americano”.

Hace 25 años este mismo pueblo pero más marginado, más explotado, con menos educación, más mortalidad infantil, perseguido constantemente por los cuerpos de seguridad llenaba con pancartas y peticiones las calles del Centro Histórico de la capital. Miles de campesinos, obreros, estudiantes convergían en manifestaciones donde pedían y exigían el fin de las causas de los atropellos, las vejaciones y de la miseria. Entonces los que huían, distinto del irse, al Norte lo hacían casi exclusivamente para no acabar en una fosa común o tirados en un barranco con los pulgares atados.

Es cierto, la guerra civil frustró esperanzas y sueños. Luego de la paz una clase política preocupada una vez más por si misma más que por el bien común volvió a traicionar las promesas que había desparramado como chicles en las fiestas patronales. Todo esto hoy es el alibi, la excusa, para reaccionar frente a una realidad de abusos y de indolencia gubernamental con la decisión de dejar el país lo más pronto posible. ¿Desaparecen los fondos para el desarrollo? Ni modo, ya se sabe que las cosas van así. ¿El Tratado de Libre Comercio matará la pequeña producción campesina? Ni modo, no hay manera de detenerlo. Varían las explicaciones pero el “ni modo” es el espejo de una actitud ya encangrenada.

Si la mentalidad de los emigrantes y aún más de los que esperan con ansiedad de poder irse pudiera ser traducida en un eslogan sería el del gobierno de Antonio Saca, pero al revés: “El Salvador no vale la pena”.

Al contrario a valer la pena es Estados Unidos al punto que miles de salvadoreños, entre las muchas nacionalidades, participaron el año pasado a las multitudinarias manifestaciones que llenaron las calles de Washington DC, Los Ángeles y muchas otras ciudades. Allí, de manera contundente, madura y quizás eficaz decenas de miles de nuestros ciudadanos marcharon y lucharon para revindicar sus derechos, para pedir a las autoridades el respeto que merecen, para lograr un nivel de vida digno. Muchos así hicieron en las streets lo que nunca hicieron en las calles y en las plazas arrebatadas de basura de El Salvador. Pidieron a gritos a los congresistas norteamericanos de ser escuchados cuando en su patria quizás ni iban a votar.

Se reunieron en comité, se organizaron en asociaciones, establecieron lazos, relaciones para formular propuestas y organizar más manifestaciones. Acá las marchas de reivindicaciones sociales y económicas que desfilan en los boulevds de San Salvador son una exclusiva y estítica presencia de los grupos más radicales y las organizaciones ciudadanas parecen reuniones de condominio. No podemos quejarse que la oposición partidaria, el FMLN, se ha robado todo el espacio, porque fuimos nosotros a retirarnos ya que nuestro pueblo emigrante lucha para su futuro en otro lado.

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