Paz social… Una falacia mas

Autor: Carlos Ventura


En las últimas semanas, el gobierno nos ha inundado con la campaña “Paz Social”. Me pregunto, cuales son los beneficios reales para la población al escuchar anuncios en los que se les invita a estar tranquilos, a relajarse y contribuir a la “paz social”.

Como es costumbre en este gobierno, es mas fácil “vender” la idea de que se esta trabajando que trabajar. El objetivo real de esta publicidad no es crear dicha paz. Es vender la imagen del presidente y del partido oficial, hacernos creer que somos los responsables de la violencia social y por lo tanto es nuestra responsabilidad cambiar la realidad. No la responsabilidad del gobierno.

Si el Sr. Presidente tuviese la voluntad de trabajar para brindarle a esta sociedad “tranquilidad, armonía y paz social” debería empezar por buscar las causas del problema, las causas de la violencia, tanto criminal como social. Luego tomar acciones concretas para corregir los orígenes del mal.

Hay varios factores que influyen en el estado de “histeria colectiva” en el que esta sumida la sociedad salvadoreña, basta con hacer un recorrido por San Salvador para encontrar decenas de pequeños -y a simple vista insignificantes- detalles que alteran nuestra tranquilidad.

San Salvador es una ciudad inhabitable, totalmente desordenada, sumida en un caos permanente. Vivir, trabajar o circular en ella es una fuente enorme de estrés, lo cual se traduce en niveles altos de malhumor e histeria, dejándonos propensos a un ataque de ira ante la menor provocación.

Como usuarios del trasporte colectivo somos victimas a diario de insultos, de conductores temerarios. A eso sumemos el tiempo que toma desplazarse de un lugar a otro, los elevados niveles de contaminación del aire, la contaminación auditiva que es insoportable, los ladrones, la basura que tapiza cada rincón de la ciudad, los olores inmundos en cada esquina, etc.

Al desplazarse a pie debemos sortear el peligro en una danza mortal cada vez que cruzamos una calle, pues además de ser invisibles para los automovilistas. A excepción de unas cuantas intersecciones, nuestro “des” orden vial no esta concebido en función de la prioridad del peatón como debería ser.

Por otra parte la enorme brecha entre los pocos privilegiados y la inmensa mayoría que se bate a diario por sobrevivir, es un factor más de violencia. Nuestro sistema marginalista, mantiene un segmento mayoritario de la población sumergido en la pobreza, a la vez que fomenta el consumismo e individualismo.

Mientras unos pocos se benefician del desarrollo comercial del país gracias a la dolarización y al flujo de remesas, muchos deben hacer malabares para cubrir sus necesidades mínimas con salarios de miseria. Un ejemplo claro de estas desigualdades es la zona de los nuevos centros comerciales en Merliot, entiéndase la gran vía y el resto. Justo al cruzar la calle –si es que lo logra- encuentra una colonia de “champas” de lámina y cartón en donde viven seres humanos como usted y yo.

Sin justificar la delincuencia créame que muchos de nosotros caeríamos en ella si viviésemos en circunstancias similares, rodeados de miseria y a la vez observando el derroche desmedido de una sociedad enajenada que nos ignora.

Nunca la persona humana ha sido prioridad del estado. Otro ejemplo de ello es la forma desordenada en que se ha urbanizado el país. Colonias densamente pobladas sin las condiciones mínimas que permitan un desarrollo adecuado de niños y jóvenes. Falta de espacios recreativos, deportivos, etc.

Permitir la construcción de casas con espacios reducidos muy por debajo de los niveles mínimos aceptables genera condiciones de hacinamiento. Todos estos factores son ahora parte del caldo de cultivo que ha fomentado la proliferación de las pandillas, uno de los fenómenos que mas afectan la tranquilidad de la familia salvadoreña.

Y así podría llenar páginas enteras con ejemplos de razones que contribuyen a nuestra situación actual. Creerme ese cuento, que escuchando un par de anuncios en la radio y la televisión voy a vivir mas tranquilo, seria igual a creer en el cipitio.

Una sociedad tranquila y en armonía no es el fruto de marketing gubernamental, es el resultado de un sistema que garantice el orden, la seguridad, la igualdad de oportunidades. Un sistema que fortalezca el tejido social, que valore la vida humana.

Con esta nota inicio mi colaboración en Patria-Exacta, agradeciendo al staff la gentiliza de permitirme formar parte de este esfuerzo.


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