Visiones y Alucinaciones sobre el problema de las PANDILLAS (Parte II)

La izquierda, sobretodo la más empapada del marxismo en su versión más rígida, vive de una serie de simplificaciones sociales y económicas que les permiten ver el mundo de una forma muy clara: los buenos y los malos, los explotadores y los explotados, los capitalistas y los pobres. Ahí ya está el alfa y el omega de todo su universo. Quien quiera aportar modificaciones y nuevas reflexiones a la arquitectura de dogmas interpretativos es solo un derechista, un enemigo del pueblo, un colaborador de los oligarcas, y en El Salvador un perro faldero de los areneros. Amen, palabra del Frente Farabundo Martí, última trinchera revolucionaria del pueblo.

Estas lineas no quieren ser una falta de respeto hacia el pensamiento del mayor partido de izquierda del país y a sus seguidores pero sirven para introducir los ¿razonamientos? siguientes.

El FMLN junto a muchos serios y apreciables analistas sociales individualizan las causas del fenómeno pandillas en el fracaso de las políticas económicas implantadas por los gobiernos de ARENA. El modelo neoliberal, en sociedades caracterizadas por la anemia política y económica de las clases medias, no produce desarrollo sino acentúa el divario entre los más pobres y los más ricos. Las capas medias, reducidas a fantasmas que viven de imágenes sin contenidos, hunden hacia abajo. Los ricos se unen disfrazando sus monopolios y su control capilar del aparato económico y burocrático. El neoliberalismo de molde estadounidense en América Latina ha producido solo esto: exclusión económica, social y hasta política, la democracia como sistema político ha quedado en los simples eslóganes de campaña y en el poder de elección de las vallas publicitarias de celulares y fastfoods. Las pandillas han nacido a la sombra de este contundente fracaso; luego, con el pasar de los años, se han fortalecido y se han apoderado de nuestras ciudades. La juventud del posguerra civil se ha encontrado con una espantosa herencia: desempleo, explotación legalizada, un sistema educativo con un presupuesto ridículo, gobiernos que escondían sus faltas programáticas atrás de una retórica anticomunista que habría sido vieja ya en los años ’60, empresarios sin visión de país ni un gramo de sentido de responsabilidad social, politicos corruptos o simplemente agarrados con los dientes y las uñas a su puesto en la asamblea. Finalmente el triste espectáculo del despojo de la financias publicas, las estafas millonarias por parte de nuestros ilustrados hombres de negocios. Mientras las grandes mayorías se hacían cada día más pobres. No había dinero para escuelas, para la salud publica, para programas sociales, para el desarrollo de las zonas rurales, para la agricultura, etc. El nuevo modelo económico tenía dos ejes: consumismo exasperado y privatizaciones. Se creó un mundo donde la exclusión se alimentaba de si misma y se reproducía automáticamente. Las Maras abrieron sus brazos al ejército de jóvenes sin educación, sustento, trabajo y hogares que dicho modelo creaba. Hasta aquí el análisis es difícilmente confundible.

Lamentablemente el FMLN toma todas estas que son explicaciones ciertas del fenómeno pandillas y las transforma en justificaciones. Atrás llegan las asociaciones de izquierda, las ONG’s, las que tutelan los Derechos Humanos, parte de la Iglesia Católica, una muy pequeña (y marginal) de la Iglesias Evangélicas y otros movimientos sociales de distinta naturaleza pero del mismo corte ideológico. Todos juntos presentan su interpretación, maniquea y rígida, según la cual el marero es una victima de la sociedad y por lo tanto antes de atacarlo hay que comprenderlo. De este punto irrenunciable mueven los otros dogmas recargados de talante (o chantaje) moralista: no de debe marginar el pandillero, no se debe darle epítetos despectivos o calificarlo de forma negativa, no se debe criminalizarlo (otros asesinos quizás se puede, el pandillero nunca), no se debe castigarlo demasiado porque la vida ya lo ha hecho y una infinita serie de etcéteras. Y los que no se respetan dichos mandamientos “cívicos” (primero los medios de comunicación) ya saben el corte de definiciones que los esperan: reaccionarios, represores, autoritarios, fascistas, oligarcas (esto ya se usa menos pero depende del grupito moralizador izquierdista que juzga), defensores de los ricos, ciegos conservadores.

Parece, y subrayo el parece siempre esperando en explicaciones más exhaustivas y menos dementes por parte de los interesados, que el FMLN y las galaxias que lo rodean, con mayor o menos grado de parentesco con ese, proponga una sociedad donde las cárceles prácticamente no sirven ya que los que infringen las leyes son finalmente victimas de un cierto sistema. Y si bien escarbamos en el discurso de esos señores llegamos a entender algo más: las cárceles, las penas, los castigos se aplican con “justicia” solo a los ricos o los que les apoyan y colaboran. Los poderosos, siendo los guardianes del sistema y los que lo crearon, deben pagan sus culpas. Para los pobres, y por lo tanto para los mareros, siendo victimas del sistema, no sería justo gravarlos también del conjunto de penas que dicho sistema usa para corregir o simplemente castigar los infractores. ¿Qué nos queda? Solo programas de rehabilitación mientras los politicos se ocupan de una reforma radical del sistema. Y para mientras ¿Los dejamos libres a esos extorsionistas, asesinos, violadores que las maras reúnen?, ¿Los ponemos a hacer conferencias de prensa para que nos iluminen sobre las condiciones que piden para quitar el estado de sitio que imponen al país?, ¿Abrimos mesas de concertación para lograr acuerdos de paz?, ¿Proponemos llevar las Maras a la Asamblea Legislativa para que pueda aportar su experiencia y buena voluntad para lograr un país más justo y humano?

El paso del maniqueísmo y a la demencia es muy breve. Las posturas de los dos bandos de nuestro El Salvador son el ejemplo más evidente. La derecha arenera pondría los pandilleros en campos de concentración, la izquierda sería capaz de transformarlos en símbolo de la opresión burguesa. Solo esperamos camisetas donde aparezcan juntos al Che Guevara y a Farabundo Martí el “Viejo Lin” o el “Crazy”.

Lastima que esta izquierda y sus amigos no se den cuenta que hay muchas gentes que en realidad no le teme al comunismo sino duda y tiene miedo de un partido que juzga con el metro de la ideología un asesino, que mide la peligrosidad social de un violador según su estado socioeconómico (la misma cosa que hace la derecha pero al revés), que chantajea con imperativos morales dudosos a miles de pobres para que acepten como nada fuera las odiosas fechorías de grupos de –aún si se que no es políticamente correcto- criminales.

Ellacuría decía que debíamos sacar el pueblo crucificado de su cruz pero nuestro intento parece hoy solamente añadir nuevos tormentos.

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