El pueblo NO existe

Un amigo de mi papá contaba mentiras tan grandes, tan absurdas que uno terminaba creyéndolas. Este señor había entendido uno de los secretos de la política latinoamericana: si hay que inventar algo que no existe mejor hacerlo en grande, a más extraordinario más creíble. Parece absurdo pero es así.

La gente, o el pueblo, como le llaman marxista y nacionalistas baratos, tendría un supuesto sentido común, una especie de séptima vida de los gatos, algo que les ayuda donde su ignorancia falla. Así hay politólogos progresistas que nos dicen que el pueblo salvadoreño le da la presidencia a ARENA pero también muchos diputados al Frente para balancear el poder del mandatario. O le da el ejecutivo a un partido pero las alcaldías mayores a otro, para que el partido oficial no se sienta el todopoderoso. Nunca entendí si dichos politólogos viven aquí o en Marte. El pueblo de su fantasmagóricas-visiones políticas ni sabe el número de los diputados de una fracción o de otra, no sabe ni por cerca que significa “balancear” el poder, limitarlo o controlarlo. Y sobretodo no le importa. Cuando vota lo hace por mil razones y casi siempre ninguna de ellas vale la pena: vota con el hígado, vota como le dice el pastor, fascinado por una valla publicitaria o por una canción bonita y pegajosa. Vota mirando las nalgas de cachiporristas con el tricolor, o según el ondear de chiches bajo la camiseta del Che Guevara. Vota con el odio que se lleva adentro desde los años que no sembraron justicia, con el resentimiento de un sueño traicionado. Marca papeletas electorales a cambio de un favor, de una limosna electoral. Apoya un candidato por su sonrisa, por los zapatos que luce, por la esposa que lo acompaña. Al pueblo las mentiras le encantan y razona como los que escuchaban al amigo de mi papá: “esta es demasiado grande para ser paja”.

Cuando un cuento es tan afuera de la lógica y lo es de manera evidente uno acaba creyéndolo porque le parece inconcebible que alguien pueda tener el ánimo de inventarse algo tan absurdo. Así se explica “Oportunidades para todos” lema de la pasada campaña presidencial de ARENA. Razonando (con el cerebro): 12 asesinatos diarios, el país más violento de América Latina (Colombia nos supera pero no se puede tomar en cuenta, allá hay una guerra civil en acto), una canasta básica en continuo aumento y salarios de hambre, un sistema económico forjado por monopolios tan fuertes que la libre competencia (la que crea empleos) es pura quimera, una clase política de boyardos (eran los señores feudales dueños de tierras, aldeas y personas en la Rusia de los Zares), los diputados, que tienen como única preocupación ver como sobrevivirán hasta la próximas elecciones. Somos rehenes, gracias a la guerra civil, a las políticas socioeconómicas de ARENA y al justificacionismo izquierdista de las maras, los escuadrones de la muerte que nadie tiene el animo de demandar a un tribunal internacional.

No obstante todo esto y mucho más, el “pueblo” creyó a “Oportunidades para todos” y ya se va preparando para tragarse la próxima mentira como siempre demasiado exagerada para poder dudar de ella. Es como la historia del “Damos el poder a los ricos así estamos seguros que nos no robarán”. ?Lógico, no? El pueblo no existe, solo hay una sumatoria de individuos. ?Qué los une? La miseria, la precariedad y la falta de perspectiva futuras. Y cuando el próximo año privatizarán ANDA o la darán en concesión a un privado (que es la misma cosa para el usuario) en la calle a protestar sarán los de siempre: pocos, politicizados por un partido que sobre tanto lucro (ajeno) vive y unos cuantos bochincheros de profesión que derraman lodo sobre cualquier rivendicación social gracias a su incivil comportamiento. Si acaso alguien cree que hay otro pueblo, que si bien no se ve existe, se equivoca: la democracia nos dio armas que no son ni las bombas ni las balas sino el voto y la posibilidad de ocupar en silencio y en centenares de miles las calles. Esto se ha hecho en los años ’70 y ’80 del pasado siglo con menos escuelas y menos libertad. Así que, señores progresistas, ARENA no es la causa de los males del país y de un supuesto pueblo, sino el producto que día tras día el pueblo compra, con su indolencia, con su resignación, con su amor novelero, con su “4 visión”, con sus borracheras, con su “presidente para la gente”, con sus hamburguesas y pollo campero.

¿Los hombres de las clases más pobres siguen quemando su sueldo en guaro?, sí, y las mujeres los hacen en tarjetas de celulares…Ya no somos niños ignorantes, sino adultos idiotas.

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