El Nuevo Acuerdo, ¿Qué pasó?

Autor: Raúl Mijango


Combinar nostalgia y esperanza fue el espíritu que motivo al FDR a concurrir al llamado que la Comisión Interpartidaria nos hizo para que participáramos en la elaboración y suscripción de su proclama. Misma que en sus contenidos debía expresar la voluntad de los partidos políticos de arribar a nuevos entendimientos y consensos y a una visión conjunta sobre el tipo de soluciones a los graves y acuciantes problemas que asfixian las esperanzas de todos los salvadoreños de vivir en una Patria donde se garantice seguridad, prosperidad y democracia, dicho en otras palabras, un país mejor.

Conmemorar el décimo quinto aniversario de la firma de los acuerdos de paz, fue importante, como también lo es, celebrarlo año tras año, pues su significación sólo es comparable con la firma del acta de Independencia Patria del 15 de septiembre de 1821. Pero no basta con el hecho de hacer nostalgia cada 16 de enero, el pueblo tiene problemas que reclaman de soluciones y es por eso que en cada celebración debe buscarse combinar “nostalgia con esperanza”. Y la mejor forma de hacerlo, es demostrando que aprendimos la lección que nos dejo la firma de los acuerdos de paz: “Cuando se unen voluntades es posible alcanzar acuerdos que dan respuesta y soluciones a los grandes problemas nacionales”, sólo basta con poner los intereses del país por sobre los intereses partidarios, sectoríales o individuales. Sí fuimos capaces de parar la guerra y sentar las bases fundacionales de la nueva democracia salvadoreña, entonces pues, está más que demostrado que sí se puede dar soluciones a los problemas de inseguridad, pobreza, falta de oportunidades y desesperanza.

La palabra clave es “voluntad política”, complementada con un genuino compromiso con el pueblo en la búsqueda de soluciones a los problemas que más lo aquejan. Es por eso que cuando escasea la voluntad se frustran esfuerzos de consenso, tal como sucedió recientemente con la “Proclama Interpartidaria” que se proponía suscribir previo al 16 de enero o posterior al mismo, pero siempre en el contexto de la celebración del aniversario de la firma de la paz. Ya había un documento de consenso suscrito por los representantes de los seis partidos políticos que participaron en su elaboración, que contenía ocho acuerdos básicos, que constituían una especie de agenda estratégica a desarrollar para superar los graves problemas que aquejan al país.

Pero las carretas se trabaron a sólo 48 horas de la suscripción formal de la Proclama, la argumentación que se esgrimió fue las divergencias logísticas sobre el lugar y el tipo de evento en el cual se suscribiría el documento, pero el problema de fondo era otro, lo que realmente estaba sucediendo es que tanto ARENA como el FMLN se estaban retractando de suscribir su contenido.

ARENA por medio del ministro de seguridad y vicepresidente de ideología del Coena, Licenciado Rene Figueroa, se dio a la tarea de descalificar la importancia del acuerdo, en el mismo sentido, la cúpula de la empresa privada representada por el Ing. Federico René Colorado, regaño públicamente a los partidos por estar considerando suscribir un pacto fiscal y por no haberles consultado antes. Presionado por estos hechos, los representantes de ARENA, sin plantearlo en la mesa, se comenzaron a expresar públicamente a favor de una revisión del contenido del documento, argumentando divergencias con la redacción del cuarto compromiso que hace referencia a lo pendiente del acuerdo de paz, conscientes que ello seria de muy mal gusto para el resto de fuerzas políticas.

El FMLN por su parte, se opuso a que la Proclama fuera firmada en sesión solemne de la Asamblea Legislativa, en oposición al protagonismo que el PCN tendría en el mismo, por ser un ente presidido por miembros de ese partido. Y también se opuso a que el documento fuera suscrito en el desarrollo del acto oficial organizado para conmemorar la firma del acuerdo de paz, que contaría con presencia de mandatarios y miembros de Naciones Unidas, argumentando que el evento era organizado por el ejecutivo y que el partido en el gobierno tendría mayor protagonismo. Pero no era tal, lo que estaban era retractándose, su cálculo político fue que un acuerdo de este tipo oxigena al ejecutivo, además, ya algunos personeros de la Iglesia Católica, del movimiento social y algunos analistas radicalizados se habían dado a la tarea de restar importancia a su contenido, “coincidiendo extrañamente”, con los sectores radicalizados de la derecha que también estaban colocando bombas para sabotear la suscripción de la Proclama Interpartidaria.

La ausencia de voluntad política de estos dos partidos, ha impedido que se suscriba el nuevo acuerdo. ARENA condiciona la suscripción al cambio de redacción del compromiso uno y cuatro y el FMLN lo esta dando por muerto ya y ni siquiera a asistido a las dos convocatorias que se han realizado para replantear el tema y rescatar el espíritu de la Proclama. Es de lamentar que un intento sano y tan necesario para dotar de esperanzas a la sociedad sea triturado por el molino de la confrontación política, que desde hace 15 años tiene polarizado y estancado al país, sin la mas mínima consideración que al que le toca pagar los costos de las frustraciones, es al mismo pueblo que ellos dicen representar.

Que se necesita un nuevo acuerdo, no debería estar en discusión, que hay que modificar la redacción de algunos puntos, no debería ser problema de honor, es más, se le debería de tomar la palabra a ARENA en cuanto a la nueva redacción que propone al punto uno. Siendo honestos, es más precisa y de mayor contenido que la anterior, elimina el fantasma de la interpretación de que al hablar de pacto fiscal se pueda estar hablando de elevar la carga impositiva o de introducir nuevos impuestos y también, elimina cualquier tipo de comparación de este acuerdo con el nefasto “Pacto de San Andrés”.

Donde ARENA no tiene razón es en el cambio que propone a la redacción del punto cuatro, referido a los acuerdos de paz. Que hay incumplimientos es más que obvio, no se puede tapar el sol con un dedo, sólo basta con citar la frustración que tuvo el foro de concertación económico y social y que hasta las mismas Naciones Unidas han expresado, en su momento, que hace falta cumplir aspectos relacionados con los lisiados y víctimas del conflicto armado. Pero si no están de acuerdo con la redacción actual y el frente no acepta cambios, porque no se elimina el punto y que cada quien siga actuando de la forma en que lo concibe: unos con la visión de que hay incumplimientos y los otros argumentando que ya están cumplidos. Abrir una discusión similar a aquella de “quien fue primero, si el huevo o la gallina”, puede echar por la borda el que tengamos acuerdos sobre aspectos más relevantes, de actualidad y de dimensión nacional.

No arribar a nuevos acuerdos, deja abierto el camino a más confrontación y mayor polarización y provoca que nuevamente el abordaje de la solución a los graves problemas que abaten al país siga siendo relegado a segundo plano, porque nuevamente, por sobre el interés nacional seguirán pesando y prevaleciendo los mezquinos intereses partidarios, sectorízales e individuales de quienes se lucran de la confrontación y la polarización en detrimento del interés de todos los salvadoreños.

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