Análisis de militante, no de Economista

Autor: Jan Palach


El ex Ministro de Hacienda Manuel Hinds hoy, entre otras actividades, es también un columnista de El Diario De Hoy. En los últimos meses en sus artículos se había enfocado en defender la decisión por parte de la administración de Francisco Flores de dolarizar la economía. Quizás el único limite de sus análisis estaba que los logros ensalzados son más evidentes del Escalón para arriba que de la Miramonte para abajo.

Ayer su artículo, que ocupaba toda la página 32, tenía como tema central la incapacidad crónica de las izquierdas latinoamericanas en generar un clima y un sistema capaz de encaminar los países hacia un verdadero desarrollo.

Con el respeto debido al ingeniero Hinds tentaré ahora de poner en resalto algunos pasos de su texto donde falacias, consideraciones suspendidas en el aire y prejuicios ideológicos, o de casta, se mezclan pintando una realidad muy parcial.
Usaré el cursivo para comentar sus afirmaciones.

Ya en el segundo párrafo el autor subraya que América Latina, desde su independencia, ha gastado doscientos años sin lograr desarrollarse. Luego añade que otras ex colonias, como Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda entre otras si bien empezaron sus vidas de independentizadas con una gran parte de la población en condiciones muy pobres, con el tiempo lograron niveles abrumadores de bienestar. Dice: “Todo el mundo pensaba que al irse desarrollando el mundo, Latinoamérica iba a hacerlo al mismo ritmo que esos países. Después de todo, la región era tan rica en recursos naturales como la antiguas colonias británicas…”.

¿Y quienes eran ese “todo el mundo” que pensaba que Guatemala podía llegar a ser una nueva ¿Canadá o que Bolivia se habría transformado en otra Australia? Desde el final del siglo XIX la mayoría de los expertos ya tenían claro que Centro y Sur América? Solamente habrían pasado de las manos de un amo a las de otro: Inglaterra antes, Estados Unidos después. Y igualmente claro tenían, hasta hombres de negocio conservadores europeos y norteamericanos, que la miseria intelectual y humana de las clases dirigentes que los españoles habían dejado en herencia prometía la continuación de regimenes corruptos y ineficientes. Quien sea el “todo el mundo” a que se refiere el señor Hinds queda un misterio, a menos que no sea un “todo el mundo” parecido a lo que considera la dolarización de la economía salvadoreña un bien indudable para la población.

Además, si es verdad que nuestra región es rica de recursos naturales como las antiguas colonias británicas, el ingeniero Hinds olvidó de decir que nuestros recursos los rematamos a los extranjeros en distintas etapas, la ultima fue en las privatizaciones-regalos de los años ’80-’90 (poco faltaba que Brasil, Argentina, Uruguay hipotecaran hasta la tela de las banderas nacionales).

Al final de la primera columna Hinds escribe: “La izquierda latinoamericana culpa al capitalismo por el fracaso regional. Pero todos los países que se han desarrollado lo han hecho dentro del sistema capitalista y, al contrario, ningún país, ninguno, se ha desarrollado dentro del comunismo…”

Esta afirmación es cierta: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón progresaron dentro de un sistema de libre mercado. Lo que se aplicó en América Latina y sobre todo en El Salvador no fue capitalismo sino una forma de explotación que veía en la acumulación de la riqueza un fin en sí mismo. En las ex colonias británicas los gobiernos regalaban los títulos de propiedad de la tierra a los campesinos para generar en el futuro una sociedad de bienestar difuso. Acá los gobiernos y las elites las tierras se las robaban y implementaban políticas que solo lograron, concientemente, mantener los “súbditos” (no había ciudadanos, sino simples siervos) los más pobres y ignorantes posibles. En la ex colonia británicas los gobiernos independientes, desde su liberación apoyaban, luego de haberlos creados, los pequeños propietarios a través de distintas medidas y incentivos; acá llegamos al amanecer del siglo XX con estructuras sociales y económicas feudales que una manada de hacenderos visionarios cuanto un coyote ponían en la practica vendiéndolas como “capitalismo”. En Australia o Canadá los pequeños propietarios se convertían en empresarios porque el nuevo estado les permitía y favorecía un desarrollo; acá una serie de monopolios descarados ahogaban cualquier ímpetu y sombra de libre iniciativa llamando finalmente “estado social” a las limosnas de las clases pudientes.

El Salvador es unos de los ejemplos más ilustrativos de este peculiar capitalismo.

Además sirve mencionar otro factor: los empresarios de la ex colonia británicas construyeron países que al final reflejaban sus mismas mentalidades: eficientes, productivos, competitivos, con administraciones transparentes. Entre ellos la clase de los “oligarcas” no era ningún símbolo de progreso o de destacado grupo de personas admirables, a lo contrario?se consideraban?como vestigio de un pasado de abusos y de atraso intelectual y económico en cuanto?dicha “clase”?pervertía cualquier hipótesis de libre mercado?excluyendo a la mayoría de la poblaciones. En otras palabras, en el mundo anglosajón sabían que el feudalísimo era un capitalismo “esteril”, sin capacidad de procrear, encangrenado en un pasado oscuro.

En resumida cuenta: Australia o Canadá no conocieron la “agresión comunista” porque a su poblaciones dieron la libertad y los medios para pasar de colonos a pequeños empresarios; América Latina y sobre todo El Salvador, vivieron los estragos de una guerra civil porque sus clases dirigentes produjeron y perpetuaron con fuego y hierro la miseria de las mayorías, gobernando los países como fueran sus haciendas privadas, robándose todo lo que era a su alcance. Metabolizaron y reproducieron la voracidad, la corrupción y la incompetencia de los viejos amos españoles.

Todo el recorrido histórico que hace el articulista llega a un final “clásico”: los comunistas de América Latina, aquí el FMLN, con su actitud destructiva anularon los esfuerzos de los otros (las derechas. Los conservadores) para legrar el desarrollo de los países. Escribe Hinds: “…el FMLN ha dado un ejemplo clarísimo de cómo es que la América Latina ha sido capaz de estancarse y retroceder mientras el resto del mundo progresa y desarrolla. Ha mostrado cómo operan las fuerzas que, viendo que la región está llevando la piedra a la cima, encuentran la manera de empujarla de regreso al valle, para generar descontento y mejorar su perspectivas de subir al poder”.
Es curioso como, luego de ininterrumpidas series de gobiernos conservadores o militares, o más simplemente de derecha, desde la independencia hasta hoy los mismos derechistas contemporáneos intenten de culpar las izquierdas de los rotundos fracasos de los gobiernos de ellos y de sus antepasados. ¿En doscientos años cuanta veces la izquierda a llegado al poder? En doscientos años cuantos programas implementados por los comunistas han sido aplicado en Centroamérica? ¿Alguien instituyó soviet en Guatemala o en Honduras y no nos dijeron? Plétoras de presidentes militares y grupos de empresarios-zopilotes se han perpetuamente apoderado de las?riendas de la economía centro y sur americana para dos siglos y ahora nos dicen que los comunistas han destruido los abrumadores logros de esas administraciones. ¿“La región está llevando la piedra a la cima”? No me gusta repetirme pero una vez más parece que el articulista cuando habla de región quizás entiende el 10% más rico de la población y la piedra que lleva a la cima talvez sea las ganancias de las licitaciones amañadas de decenas de administraciones presidenciales de derecha (ya que de izquierda no hubo) que fueron llevadas a Santa Elena.

Capitulo préstamos y la negativa del FMLN en aprobarlo. Hinds escribe: “(el FMLN) se opone a los prestamos para dificultar los problemas que los prestamos estaban ayudar a resolver…buscó un pretexto (…): que el país estaba demasiado endeudado… (Mientras en realidad) la deuda de El Salvador está calificada como una de las tres mejores de Latinoamérica”. Continua el ingeniero: “El FLMN buscó otro pretexto: …acusó el sector privado de evadir impuestos”.

Que la deuda de El Salvador sea baja quizás depende de la miseria que el gobierno gasta en educación y salud (entre los últimos lugares en América Latina). Contraer deuda no es el problema, sino pagarlas. Un país que pone tres recién nacidos prematuros en una incubadora porque no tiene otras demuestra que cada préstamo se convertirá en breve en una hipoteca de bancarrota. Una economía que vive, gracias a la preparación? Y a las capacidades empresariales de sus politicos, casi exclusivamente de las remesas, da menos garantías (a su pueblo y a los prestamistas) de un vendedor de paletas en el Polo Sur.

Problema evasión: sé que acusar el santo sector privado nacional de no pagar los impuestos debidos es una blasfemia pero si no se coloca allí la elusión fiscal ¿quienes son los evasores? ¿Los carritos de minutas? ¿Los empleados del sector privado a los que el manager (visionario como todos los managers) no les paga las prestaciones sociales? ¿O quizás son las pupuserías que al lado de las calles obtienen ganancias faraónicas permitiendo a dueños y empleados de viajar en carros del año y comprar permisos para construir su castillo en el volcán?

Los argumentos del señor Hinds se parecen más bien a simples opiniones que carecen de rescuentro en la realidad y que fácilmente se pueden desmontar.

El suyo, más que un artículo que va en la dirección de un análisis económico (materia de su profesión), se parece simplemente a un discurso de un líder partidario, de un militante de ARENA quizás más en el sentido socioeconómico que en el estrictamente político. Claro en sus lineas no hay propaganda de la más burda pero siempre propaganda.

Lo que personalmente menos me gusta de dichos planteamiento, más allá de la distorsión de la realidad, es que en criticarlos me hacen pasar por un izquierdista cuando con ellos nunca he comulgado. Lastimosamente acá tenemos una derecha oficial (y una izquierda) que se manifiesta de la forma más retrograda, a-critica y antihistórica.

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