666: Aprovechándose del miedo y la ignorancia

Autor: Marvin Ascencio


 

Hace varios días la Asamblea Legislativa salvadoreña aprobó un decreto como pocos. Increíblemente el 100% de los diputados estuvieron de acuerdo. A la izquierda y derecha legislativa poco les faltó para besarse. Magnificaron el asunto del “satanismo” a vísperas de Semana Santa. La constitucionalidad del decreto es discutible. La violación al derecho de Libertad de culto es lo primero que se puede observar.

La sarta de opiniones vertidas por los legisladores sonó hasta cierto punto coherente, pero más ridículas que de costumbre. En pocas palabras, han llevado al “satanismo” a ser un “problema social”. Se puede sospechar que esto, como en las ultimas ocasiones, ha sido de “compadre hablado”, entre la oposición y el partido oficial para ir ganando votos para las elecciones de 2009.

El “satanismo” es una corriente de pensamiento que deifica al hombre como tal. No a otro, sino al practicante. Es, por decirlo así, basarse en la Biblia satánica de LaVey para elevar al ser humano a su máximo esplendor; llevar hacia arriba el ego y la independencia del hombre hacia Dios.

Basándose en este decreto, el gobierno de El Salvador ha ordenado, a través de los ministerios de Gobernación y Seguridad, investigar a los miembros de la Iglesia Creciendo en Gracia acusándolos de satanistas y de ser un peligro para la integridad y salud mental de las familias salvadoreñas. También han buscado si dentro de la organización hay personas que no sean salvadoreñas para expulsarlas, y han prohibido el desarrollo de sus actividades.

Esta ha sido la confusión: relacionar a la Iglesia Creciendo en Gracia con el satanismo, solo porque la mayoría lo percibe de esa forma.

Con todo esto no se quiere decir que se esté de acuerdo con la ideología profesada por los seguidores del Jesucristo contemporáneo, sino que se pretende “aclarar conceptos” que nuestros políticos y religiosos le están ocultando al pueblo.

La organización Creciendo en Gracia es un grupo –aunque no se definan así- religioso, el cual está basado (al igual que el Cristianismo común- en la Biblia. Siguen a un hombre que dice ser Dios y el cual se autodenomina “Jesucristo Hombre”. CEG no es cualquier congregación que se mete a una cochera a organizar sus actividades. Es una organización bien estructurada y bastante poderosa, con muchos recursos económicos y la capacidad de llegar “hasta los confines de la tierra”. Cuentan con señal de televisión por satélite en Internet, una pagina de Internet con correos electrónicos para cada uno de los miembros organizadores y si se les quiere contactar es relativamente fácil y contestan rápidamente. Tienen varios templos en muchos países, cada una con obispos, ya cada uno de ellos con una subestructura de gente que colabora con él. Las entradas mensuales se pueden contabilizar por miles ya que hay quienes, entre sus feligreses, que de manera voluntaria y en agradecimiento dan hasta la mitad de sus salarios y ganancias. Hasta, y no se pretende ofender a nadie, podría ser clasificada como un “Cristianismo Alternativo”.

El problema con esta congregación radica en que miembros de ella el año anterior, durante las fiestas de agosto, se dedicaron a quebrar santos frente a Catedral metropolitana. Este simbólico gesto de inconformidad para con el cristianismo tradicional generó en los salvadoreños –en su mayoría- desprecio y odio.

Desde aquí podemos tomar dos líneas de pensamiento en cuanto al tema, ninguna de ellas oponiéndose a que el decreto es inconstitucional, que de hecho lo es.

Por un lado, pensar que siendo este un Cristianismo opcional, y que la inconstitucionalidad del decreto radica en privar de la LIBERTAD DE ELEGIR a los salvadoreños.

Perseguir a una congregación por creer en un Cristo de carne y hueso es como perseguir a la Iglesia Maradoniana por creer que Armando Maradonna (el futbolista) es Dios. Esto es retroceder más de 1000 años hacia tiempos en que los Caballeros Templarios fueron perseguidos por la Iglesia Católica por herejes, o llegar al colmo de legalizar la cacería de brujas y las cruzadas como en el medieval.

Imponer el Cristianismo tradicional (llámese este Catolicismo Romano o Evangelista) sí debería ser un delito. Cada quien, como la REPUBLICA y la DEMOCRACIA lo exigen, debe elegir si desea adorar a Jesús de Nazareth, al demonio, a Krisna, Júpiter, Allah, o al Dr. José Luís de Jesús Miranda.

Como segunda opción de pensamiento crítico, podemos ver en la iglesia y el gobierno salvadoreño MIEDO. La lucha por conservar la hegemonía religiosa se esta librando por parte del cristianismo tradicional con el apoyo de los partidos políticos (todos), los cuales están sacando su tajada política aprovechándose de la ignorancia de la gente para sacarles el voto.

El argumento de que esta congregación daña la moral del salvadoreño, en su mayoría católico, también es muy débil. A nadie obligan a pertenecer a la agrupación, y tampoco a tatuarse el 666 o la SSS en sus cuerpos.

Estamos, entonces, diciendo, que el miedo que la iglesia le tiene a esta congregación proviene del su instintivo conservadurismo hegemónico, y que este miedo a perder el poder religioso está siendo aprovechado por la cúpula política para ir ganando votos, lavándole el “coco” a la gente que les creen lo que digan a través de los medios amarillistas de comunicación. ¿Hasta dónde vamos a llegar con nuestros gobernantes si estos montan shows para hacernos ver cosas que no son? Como dice Saramago: Aun no nos han privado del derecho a soñar.

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