¿Y si gana Ortega?

Todos a Nicaragua. Todos con los ojos sobre Nicaragua. Medio mundo está a la espera de lo que saldrá de la urnas de nuestro vecino.

La Unión Europea ha enviado más de 100 observadores; a Managua han llegados corresponsales de las cadenas televisivas CNN, Telemando y Univisión (de Estados Unidos), BBC (de Inglaterra), Telesur (de Venezuela) y Televisión Española. El Consejo Supremo Electoral ha acreditado hasta el pasado jueves más de 500 periodistas y otros están ya en camino.

Las últimas semanas de campaña electoral han sido un verdadero circo. En el total festival del ridículo y del grotesco ha destacado el candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) José Rizo que en su multitudinario cierre de campaña en una plaza de Managua así tildó los sandinistas: “Ellos son los mismos (de antes) (…) Son la estafa más grande que ha padecido el pueblo”. El rostro nuevo (eufemismo) del partido del expresidente Alemán que tiene el ánimo, o la sinvergüenza, de llamar a otros “estafa” es la fotografía del nivel de pantano en el cual nada la derecha nicaragüense. Hasta las burbujas de su propaganda salen lodosas. En los espacios televisivos el PLC ha difundido mensajes donde los sandinistas son acusados de haber sido la causa de la guerra civil y de ser hoy un peligro para la democracia. La derecha así invita el pueblo a “no olvidar un pasado de dolor” y promete ser implacable con la corrupción e investigar los que se han enriquecido. Todo esto sale de la boca del instituto político creación y propiedad de Arnoldo Alemán, presidente de Nicaragua entre el 1997 y el 2002,57 años, acusado de lavado de dinero, corrupción, enriquecimiento ilícito y malversación de fondos públicos. La Fiscalía General de Nicaragua calcula que el dinero usurpado por el ex presidente en beneficio personal y de amigos y familiares suma más de 100 millones de dólares.

Claro, cuando hablamos de uso indebido de fondos públicos no podemos olvidar el saqueo que los sandinistas hicieron cuando llegaron al poder. Hoy los únicos que no reconocen dicha verdad son nuestro querido Frente y un puñado de partidos comunistas en todo el mundo que siguen creyendo que el sistema socialista no se desplomó sino ?que fue destruido porque era exitoso. La realidad es que las tropas de Ortega llegaron sobre el estado como la bajada de los bárbaros sobre el Imperio Romano, desvalijaron hasta la cajita de las limosnas.

Pero luego del fracaso institucional y de gobierno (donde la guerra sucia que le libró en contra Estados Unidos jugó un papel determinante), y una serie de otros derrotas electorales, el buen Ortega vuelve con un rostro nuevo. ?Cuál? El camaleón, que cambia piel, discurso, tono, palabras, consignas, promesas según el público, el lugar, la hora y el medio. La Agencia Informativa Latinoamericana (Cuba) reporta que el líder sandinista “prometió enterrar el “capitalismo salvaje”, sistema al que responsabilizó de todos los males que padece hoy”, otros medios se enfocan en su promesa de “respetar la libre empresa” en el nombre de una proclamada “revolución espiritual”. Yo lo oí hace un mes a un programa televisivo y sinceramente no logré entender sobre cuales bases sustenta la humazón que el vende por plan de gobierno. El empresario Manuel Ignacio Lacayo a su tiempo dijo: “Alemán y Ortega están en el juego del espejo, en el que no saben cuál de los dos es la imagen reflejada y quién es el reflejado, porque piensan iguales; pero si están seguros que ambos se necesitan mutuamente para sus respectivas sobrevivencias, en un fenómeno político llamado “somocianismo”. Parece la historia del Frente y de ARENA…

Pero la nota más triste de este enésimo circo electoral centroamericano la ponen los Estados Unidos: El gobierno de Washington amenazó con restringir la inversión y cooperación con Nicaragua si las encuestas aciertan sus pronósticos y el sandinista Daniel Ortega gana las elecciones presidenciales. Una vez más curiosas y turbias similitudes con nuestra realidad. No se entiende como pueda progresar la democracia en nuestros países cuando alguien sigue maquinando desde afuera con el fin de llevar el lápiz del votante sobre un nombre en lugar de otro y usando el chantaje como plataforma supraelectoral de las derechas.

Además que todo el alarmismo alrededor de los desastres que produciría un gobierno sandinista es totalmente injustificado. A Ortega y a los suyos de revolucionarios marxistas les quedan solo las fotografías en blanco y negro de los ’80. En los últimos años el líder del FSLN ha negociado con Alemán, independientemente de su condición de preso y acusado de un sin fin de delitos. Y ha negociado bajo la mesa cartas y asuntos pocos claros. Ha manejado “sus jueces” (los de tajada sandinista) para sacar y meter a la cárcel Alemán o regresarlo a su residencia y finalmente tramar con él reformas electorales o a saber que. El Daniel Ortega de los últimos tiempos es una figura que se desliza en más de una dirección, que tiene el pié en 4 zapatos y en ninguno al mismo tiempo, que se vende por el Chávez centroamericano y el progresista moderado en la vuelta de dos semanas. Su misma cercanía al presidente venezolano (autentica o interesada y hipócrita) parece responder a un único personal diseño: llegar al poder, sea como sea.

Si llegara a vestir otra vez el traje de presidente no se atreverá a molestar quienes los hundirían en 3 meses. No tocará los empresarios, no fastidiará los corruptos (por hacer esto sirven manos y partido propio limpios), sepultará su antiguo repertorio de craso anticapitalismo, no hará chillante propaganda anti norteamericana, será acomodante y dispuesto a “arreglar” cualquier asunto que ponga en peligro su posición. Él ya sabe que a nuestras latitudes los duros los doblan y los dejan sin chupete. No cometerá viejos errores y para quienes sueñan (también acá en El Salvador) trompetas de revolución ya respondió presentando en su campaña electoral banderas rosadas en lugar de las históricas negro-rojas. En otras palabras si gana Ortega no pasará nada de nada. Estará demasiado ocupado en ocupar el aparado del estado con el fin de conseguir que esta vez nadie lo saque de la silla presidencial.

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