¿Debate cultural?

Todo es cultura, parecería una frase inofensiva, una inocua manifestación verbal de una postura tolerante y abierta. Ya sabemos que hoy día el relativismo está de moda, o aún mejor es “políticamente correcto”. ¿Qué es el relativismo? Es una actitud que alguien considera constructora de un mundo más pacifico e indulgente mientras para otros es la manifestación máxima, o una de ellas, del “pensamiento débil”. El relativista acepta todo y a todos, y termina dando la razón al otro; el relativista no tiene verdaderas convicciones políticas, ideológicas o religiosa porque finalmente el otro puede ser el que tiene la llave de la verdad. Además el relativista ofrece su nada-pensamiento para lograr un mundo sin conflictos donde los hombres se comprenden, se amen y se respeten. Él cree que tener una posición y defenderla es sinónimo de autoritarismo, que argumentar sus ideas y luchar para ponerlas en la práctica es pisar a sus hermanos.

Y no crean que el relativista es ateo: no, es generalmente católico progresista siempre dispuesto a aceptar como directores del humano destino a Allá, Buddah, Manitú, los dioses aztecas, mayas, etc. Uno de estos, todos juntos o en cohabitación con el Dios del Nuevo Testamento (el del Antiguo era demasiado cruel, intolerante). ¿Y porque no? Puede ser que una vez muertos nos toque ir entre las divinidades de Egipto o sentarnos al lado de Quetzacoatl… Políticamente el relativista es de izquierda, pero una izquierda toda mimética, con mil matices y acentos (pero todos en tono menor, muy soft): quizás fue comunista, pero si lo fue lo era de manera “critica” (o por lo menos esto es lo que jura) y hoy ha logrado el verdadero Nirvana de la sabiduría. Se despertó del sueño que el Muro de Berlín se había caído y se dio cuenta que su naturaleza de homo politicus era de autentico demócrata. Pero una democracia a su personal medida. Una democracia donde él decide quien merece ganar las elecciones y quien no, quien hace fraudes y quien es victima, quien se expresa de forma políticamente correcta y quien abusa del pueblo…Ups!, ya el relativista se salió de su postura.

La derecha es el limite de nuestro héroe: es su anti mundo, su infierno, la cara negra de su rosada, amable, bondadosa mirada hacia los otros. El relativista que decía querer derrumbar las barreras que muchos hombres construyen para excluir a los demás, ahora delimita la trinchera que debe de defender a los buenos de los asaltos de los malos. Y como es lógico él se lleva en su campo de batalla un trofeo del cual se vanagloria por todo el orbe terráqueo: la cultura.

Hace poco menos de un siglo alguien sentenció que la “cultura es de izquierda”. Su platea de correligionarios lo ovacionó. El relativista, que tiene opiniones que van y vienen con el viento y con raíces dispuestas a hundir en cualquier nuevo terreno, acató la máxima, y visto que él ondea entre los tonos del rojo, la cultura es también suya. Por derecho. Los comunistas duros y puros lo toleran porque de tontos útiles hay siempre una gran necesidad.

Hace tiempo que a nivel mundial las universidades dejaron de producir izquierdistas radicales, o por lo menos han apuntado a reinventar la figura del revolucionario de cafetín: nuestros días son los del pensamiento flexible, adaptable, sin ejes portantes ni fuerza intelectual. Todo es pero puede no ser, hoy plátano, mañana fresa. El único límite es que la fruta no sea la del jardín del vecino de derecha. Y la cultura, como todo, debe subordinar su sentido a la ley del relativismo.

Si a los ateneos hay que reconocer el siempre encomiable esfuerzo de estudio y recupero de culturas perdidas, históricas, antiguas y las borradas por la mano criminal de Conquistadores, invasores y otras execrables categorías, parece que si no fuera suficiente todo este material para trabajar, se inventan culturas nuevas. En nombre de la máxima “todo es cultura”, en dicho comal le ponen lo que se les antoja.

Profesores e intelectuales no derechistas adoptan como si casi fuera un mandamiento científico la consideración según la cual cualquier idiosincrasia entre grupos humanos constituye cultura. Otra definición que aman podría ser esta: cultura como el conjunto total de los actos humanos en una comunidad dada, ya sean éstos prácticas económicas, artísticas, científicas o cualesquiera otras. Toda práctica humana que supere la naturaleza biológica es una práctica cultural. Hasta aquí todo bien: los problemas surgen cuando a ciertas prácticas culturales dichos intelectuales quieren dar un alcance positivo hasta donde no lo hay ni buscándolo bajo tierra. Entonces en las clases universitarias empiezan a hablar de la “cultura de las Maras” y de la “cultura del Reguetón”, como conceptos que no se deben absolutamente tildar de manera negativa, siendo estos una expresión de un mundo de significados típicos de un conjunto de personas con una determinada visión de la realidad.

Entonces nosotros que huelemos a azufre conservador y tenemos mirada de policía violador de los derechos humanos, queremos dar un vistazo a la visión de mundo de las pandillas. Según ciertos académicos los tatuajes de los mareros son como los de los Maori de Nueva Zelanda o de otras culturas primitivas que incidían sobre su piel historias cargadas de significados. Signos, significado, significante. Nada mejor que disfrazar las bobadas con términos técnicos y propios de cosas serias. Si yo fuera un Maori demandaría a esos señores al Tribunal Internacional de la Haya y que las culturas primitivas que usaron y usan los tatuajes no desmiembran seres humanos para controlar un territorio ni violan en grupo niñas para demostrar su esencia de machos. Los tatuajes tribales hablan de ancestros, dioses, creación y constituyen el reflejo de una cosmogonía fundamentada sobre el respeto hacia los demás, hasta hacia los enemigos. Las manchas que mal adornan la piel de los mareros (¿O hay que llamarles señores mareros?) hablan de la aberración que ellos alimentan dentro una sociedad: la cultura de la muerte, de la violencia, de la violación, del terror. Esta es una subcultura, porque al rango de cultura no pueden pertenecer grupos humanos que dañan a su entorno, que viven destruyéndolo, que nada le aportan y solo le restan. Restan vidas, hijos, gana de seguir adelante, esperanza. Los grafitos o murales que adornan Soyapango o otras pobres comunidades no son formas de expresión, son simples amenazas, marcas territoriales, historiales criminales. Muchos recuerdan a compañeros caídos como si fueran casi próceres o revolucionarios matados mientras luchaban para el bien común y para la libertad de los pueblos, otros son simples advertencias a sus enemigos. La pandilla se encierra en si misma, encuentra el sentido ultimo de su existencia en la marginación social, se autoexcluye creando un universo de sentidos a-culturales donde la muerte es la vorágine de los perdedores y la violencia el tripudio de los potentes. Otros rasgos “culturales” son el trencito, la famosa golpiza para los nuevos adeptos que capaz nos la quieren vender como si fuera el legado de ciertos ceremoniales indígenas para ingresar en el mundo de los adultos: Pero los pandilleros para darte el galardón de guerrero te mandan de matar una persona, o si no la encuentran a matar sus parientes, quizás sus hermanitos. Porque en este mundo cruel hay que demostrar valor.

¿Y la visión de mundo del reguetón? Tomen un video (análisis contextual, si no dicen que somos unos brutos ignorantes), digna representación del mundo que viven o anhelan: unos cuantos muchachos vestidos como mareros con ropa de marca que se la pasan cantando, yendo a fiestas, a la playa, por bares, en carro. Se la pasan vergón. Vacilando. De un vacil a otro. Mejor si de noche, de todas manera al día siguiente claramente nadie tiene compromisos impostergables.

¿Las palabras de las canciones? Una fundamentalmente: coger. En todas sus variantes. Cuando cambian quizás hablan de pegarle a uno, pero solo para cogerle su mujer o porque él te ha cogido la tuya. ¿Y las muchachas? Son cogidas (no cogen, son solo objeto de la acción) y cuando no lo hacen deben de servir tragos o bailar chulonas para alegrar los machitos aburridos. En los videos pasan toneladas de señoritas medio desnudas, como trozos de carne de res al rastro. ¿Alguien trabaja o estudia? No, ellos aprenden en la escuela de la calle. Y ya sabemos de ahí que sale. Perdón, olvidaba: la cultura de la calle y sus aportes al progreso general.

o se trata acá el quieren defender o avalar las posturas autoritarias, ilógicas y violentas con la cual los gobiernos manejan?las políticas a favor de la juventud. No cabe duda que el fenómeno maras ha sido enfrentado por las autoridades de manera totalmente equivocada y muchas veces lesivas de los derechos fundamentales. Pero estos errores no son suficientes para intentar de hallar rasgos “culturales” en actitudes criminales y anti humanas. Despedazar una persona con un corvo, lacerarles los muslos hasta llegar al hueso, quebrarlo, y seguir partiendo la otra parte de carne para luego amasar los miembros en una bolsa negra y finalmente tirarla a lado de una calle es algo sale del mismo concepto de ser humano.

Una vez más nos toca concluir tragándonos un trago amargo más: a la falta de neuronas de la derecha gubernamental y a sus inexistentes planteamientos sociales ahora debemos sumar el brillante análisis que nos proporcionan ciertas elites intelectuales: maras y reguetón son nuestros nuevos vanguardismos culturales, universos para explorar y conocer.


Lunes 17: hallada una cabeza de una joven mujer en Colón, Lourdes. Fueron las pandillas.
Martes 18: mesa redonda para analizar la situación. Habla el gobierno: es una barbaridad, estos se creen de poder hacer lo que quieren pero se le acabó la fiesta.
Periódico: pandilleros presos salen después de 3 días. La fiesta sigue.
Voces críticas: es que ellos son las victimas de este sistema neoliberal excluyente que no le da ningún valor a la vida, ellos son los hijos de la pobreza, de la necesidad.
Voces afuera del coro (ninguno las oye, nuca): la cabeza pertenecía a otra hija de la pobreza y de la marginación aplicada por el sistema neoliberal. Volvía a su champa podrida, en una marginal infestada de mareros, luego de 8 horas de trabajo en una maquilas para 4 dólares diarios y se había resistido a entregar a los jóvenes inconformes el dinero que le exigían para seguir emborrachándose, como de costumbre, dice la gente del lugar.
Miércoles 19: continúa la discusión sobre la violencia. Los pandilleros siguen victimas para unos y victimarios para otro.

Bla, bla, bla.

De la muerta se han olvidados todos, es simple carne para los gusanos. Mientras la ideologización de la barbarie produce “cultura”.

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